LAS BRECHAS QUE NOS SEPARAN
Septiembre 25, 2013
2012
Septiembre 25, 2013

EL GRAN DESPLOME NACIONAL

22/11/2009

Todos los indicadores internacionales nos revelan, una y otra vez, que el país está en picada.
Al hecho incuestionable de que la República se derrumba, se opone un discurso oficial de optimismo y, en ocasiones, un triunfalismo vacío. La competitividad del país, de acuerdo al foro económico mundial de Davos, ha disminuido de manera consistente desde el año 2000. Chile, Brasil, Costa Rica y Panamá son, de acuerdo a esta fuente, más competitivos que nosotros. La novedad es que los últimos tres nos han rebasado en los últimos años.
Este hecho esconde varias consideraciones de fondo. Primero: la razón fundamental para el rezago es, por un lado, que el Estado Mexicano es insuficiente e incapaz. Tenemos un serio problema con nuestro marco legal, con la seguridad, con la transparencia. Segundo: el país casi no se mueve. El segundo lastre de la competitividad es una educación devastada y una infraestructura escasa y poco eficiente.
Esto implica que seamos cada vez menos atractivos para generar nuevas inversiones. Actualmente, somos superados como destino de nuevas inversiones por todos los países Brics: Brasil, China e India que serán, de acuerdo a estimaciones privadas, potencias medias en unos años. Además, la prospectiva oficial señala que este año las inversiones internacionales se reducirán un 55%.
No tener inversión, por supuesto, significa que existen menos empleos. La crisis habrá arrasado, este año, con casi un millón de empleos. Esta pérdida es un desastre para una población empobrecida y significa que continúa el desmantelamiento de la economía formal. Bastan tres datos para comprender lo que ocurre: hay 12 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos, 60% de todos los empleos del país son informales y el hampa emplea a 500 mil personas más. Esto es: los grandes motores de la economía está fuera del país, en la informalidad o en la ilegalidad.
No debe sorprender a nadie, salvo a la clase política, que en estas circunstancias México sea, de acuerdo a la Cepal, el único país de América Latina que ha generado pobres del año 2006 al 2008. Todos, no olvidarlo, estuvieron sometidos a las mismas presiones que México: enfrentaron la crisis alimentaria, sufrieron la caída de los precios del petróleo, y fueron atormentados por la recesión mundial. A pesar de ello, ninguno generó pobreza, salvo México.
Quizá una de las razones de esto esté en la terrible fragilidad institucional. El país, de acuerdo a Transparencia Internacional, es uno de los más corruptos del continente. Los niveles de corrupción se han disparado en los últimos 9 años. Estos son datos duros, fríos e independientes. Son internacionales. Son reconocidos mundialmente.
Intuyo, además, que el origen de gran parte de la tragedia nacional reside en tres factores, que deberían ser la prioridad de una agenda de reformas: no tenemos un sistema educativo a la altura de los retos; no existe en el país una cultura de la legalidad y tenemos instituciones frágiles o capturadas.
El tiempo transcurre y, en un mundo globalizado, mantenerse inmóvil es una fatalidad. Mientras esto ocurre, millones de mexicanos caen en la pobreza y en la desesperanza. El país del no pasa nada se está agotando. El mundo lo ve. Nosotros lo percibimos. La clase dirigente no lo escucha: lo peor que nos podía pasar

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