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Septiembre 25, 2013
LA OTRA GENERACIÓN DEL NO
Septiembre 25, 2013

ESPEJOS Y ESPEJISMOS

07/03/2010

El Gobierno de Felipe Calderón busca salvar su imagen. La caída en los niveles de aprobación y la llegada a Los Pinos de informes sobre el deterioro de la imagen de México a nivel global, motivaron la decisión de tomar acciones. Para corregir el rumbo, se decidió contratar a despachos de publicidad para emitir nuevos mensajes en todo el orbe.

La decisión se funda en la creencia de que la comunicación, por sí misma, puede trastocar a la realidad.

Miguel Alemán fue el creador de la máxima “Gobernar es Comunicar”. Implicaba la convicción de que, en un mundo global, en sociedades complejas, los gobiernos deben dar caja de resonancia a las acciones. Con Vicente Fox, sin embargo, se trastocó el aforismo y se condimentó. Los Gobernantes de la República del Cambio crearon su propia máxima: “Comunicar es Gobernar”.

Bajo esta visión, hacer política es hacer comunicación. No hace falta gobernar para comunicar: se trata de emitir mensajes hasta crear una ficción palpable para el ciudadano, independientemente de su realidad.

Así se explica la decisión de Calderón. En un país en quiebra, desangrado, socialmente desgarrado, lo que falta es comunicar eficientemente: no resolver las múltiples urgencias de la nación.

Las más de tres millones de familias desocupadas, los más de once millones de ambulantes se pueden transmutar en personajes de novela si se les da un carácter preciso y melodramático. 18 mil ejecutados son los extras de una violenta película de acción tipo Tarantino. 12 millones de nuevos pobres pueden ser traducidos en una épica social.

Los hombres del Presidente no logran entender que, para modificar el rostro del país y generar una imagen distinta del gobierno no deben contratar, sino despedir.

En el Gabinete Presidencial hay mucha gente que sobra. Se trata de un vehículo lastrado, con peso excesivo de novatez y de tecnocracia.

En una época de retos inmensos tenemos al mando a hombres pequeños. Negar la realidad no implica modificarla. Repetir ad nauseam que todo va bien no sólo es un ejercicio de insensatez, sino de irresponsabilidad.

Antes de buenos publicistas, necesitamos ministros. Antes de slogans, ideas. Antes de pautas de medios, programas. Antes de creatividad, sensibilidad.

Para comunicar eficientemente, primero hay que gobernar. Quizá, si se quiere cambiar la imagen de México, se tenga que empezar por transformar la forma cómo nos gobernamos. Acaso la mejor percepción sea la de los resultados y la mejor forma de formarnos una opinión distinta sobre nuestra realidad sea transformándola. Así tendremos un espejo aceptable, sin esforzarnos por crear un espejismo.

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