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DE VUELTA

 

25/07/2011
El PRI tuvo el sábado pasado su reunión de arranque hacia el asalto final a la casa Presidencial. El viejo Partido de la Revolución se prepara para volver al poder, tras dos derrotas consecutivas en elecciones Presidenciales. Lo hace bajo la convicción de que su genoma está hecho para ser gobierno, no para oponérsele; de que su destino manifiesto es ejercer el poder, no controlarlo; de que estos doce años en la acera de enfrente fueron no un párrafo definitorio de su historia, sino apenas un breve paréntesis.

El PRI se reunió para mandar un mensaje a la República: está de vuelta. Para ganar la llave de acceso a Los Pinos, el priísmo sabe que debe evitar la confrontación. La ruptura ha sido siempre su tumba. Por eso el mensaje brevísimo del sábado, fue no otro que evitar la lucha interna y llegar unidos.

Se sabe, el Partido posee una formidable estructura de poder, gobiernos locales populares, otros eficientes, poderosas bancadas legislativas y tiene, sobre todo, reflejos de poder: sabe para qué sirve el gobierno y lo utiliza. Ante el vacío nacional, ese hecho resulta de un atractivo sugerente.

En la elección del 2012 votarán 23 millones 769 mil jóvenes que no padecieron las vicisitudes de la descomposición priísta tras su larga hegemonía en el gobierno federal. De ellos más de tres millones votarán por primera vez.  Para ese universo de electores, el único mundo conocido será el de la mediocridad del país, el de la ineptitud gubernamental, el de violencia desmedida, el de los ninis. Habrá un voto de castigo y habrá un afán de cambio.

El tricolor tiene, además, un candidato: algo de lo que el PAN carece. Enrique Peña Nieto sale del Gobierno del Estado de México con buenas credenciales. Es carismático. Atractivo. Posee una densa red de aliados y tiene, sobre todo, altas intenciones de voto.

 


Con todo lo que tiene, el PRI no ha ofrecido definiciones. No sabemos a qué proyecto de país servirá esa estructura de poder ni qué dirección pretende dar a la República ese candidato carismático y sugerente. El mundo se mueve aprisa y México se encuentra estancado. Hay una grave desorientación nacional. Existe una temible confrontación interna y permea un desasosiego sobre nuestro porvenir.

El PRI no ha logrado articular una propuesta clara de cómo piensa resolver los graves problemas nacionales. La transición democrática se encuentra atorada y no se perciben gobiernos priístas que sirvan de ejemplo para dar certezas sobre las posibilidades de un reformismo de avanzada que permita ahondar los alcances de la participación política, promover una ampliación de las libertades, fortalecer el Estado de derecho y emprender un proceso de transferencia de poder hacia la sociedad. En lo local, el PRI ha dado más bien muestras de lo contrario: sobran datos que demuestran la tentación autoritaria y regresionista de numerosos Gobernadores.

En lo económico, los países que han logrado registrar tasas aceleradas de desarrollo y distribución de la riqueza han logrado definir con precisión la función del Estado como agente catalizador. Los modelos son divergentes pero están ahí: el modelo del sudeste asiático, el brasileño o el de los países escandinavos. Las reformas pendientes en México han sido frenadas por el tricolor, incluso aquellas que, paradoja o presagio terrible, han sido impulsadas por ellos, como la laboral o la política. Los anuncios rimbombantes de articular una legislación de emergencia económica quedaron en bonitos slogans de campaña. En la praxis económica, el PRI tiene en su seno de todo: desde Gobernadores de avanzada, creativos, hasta populistas carismáticos o caciques retrógradas.

En suma, la unidad interna es una condición necesaria, no suficiente, para ganar la elección. Un partido en donde conviven alegremente ideas irreconciliables de país, ejemplos de lo mejor y de lo peor, la virtud y los defectos capitales de la vida pública, puede enviar mensajes confusos a la gran franja de electores no partidistas que terminan definiendo una elección. ¿Cuál PRI presentará a Peña Nieto como candidato? Es una incógnita. El partido ofrecerá cambio en 2012. Cambio, sí pero ¿En qué dirección? Ofrecerá una alternancia. Alternancia, sí pero  ¿para qué? No lo sabemos.

Las vueltas pueden conducir a nuevos destinos, a rutas mejores o, en ocasiones, sólo implican un regreso al punto de partida. Habrá que tenerlo presente.

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