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La Agenda

27/08/2012

México es el país de las reformas pospuestas. Por serlo, es de las urgencias. Hoy, existe una ventana de oportunidad para empujar una segunda ola de reformas en favor de la modernización del país.

El PRI pretende aprobar tres reformas antes de la eventual toma de posesión de Enrique Peña Nieto. La triada trata de mandar un mensaje a la sociedad: el PRI no será lo que fue, lo que ha sido. Se propone combatir la corrupción, armar un andamiaje de transparencia y un sistema de rendición de cuentas,  transparentando los gastos inmorales que se destinan a medios de comunicación para enaltecer la figura del gobernante en un neo culto a la personalidad.

Todos los partidos en México han auspiciado la corrupción y el quebranto financiero. El PRD lleva a cuestas su doble discurso, la bancarrota de Michoacán, de Zacatecas, los peculados en Baja California Sur. El PAN ha cubierto con un gran manto de impunidad la corrupción que carcome al Instituto Nacional de Migración, la oscuridad en la organización en las fiestas del bicentenario y el desvío de recursos en CFE o PEMEX. Morelos y Jalisco son todo menos oasis de transparencia. Pero el PRI es el arquetipo de la corrupción institucionalizada. Hay la precepción de que la corrupción no deriva del PRI: es el PRI. La revolución triunfante hizo algo peor que encubrir o ejercer la corrupción: la hizo sistema.

Por eso los temas que pretendan frenarla, de ser serios, dan en el centro de un entramado que cuesta al estado mexicano cada año al menos 300 mil millones de pesos.

Para aprobar estas reformas, el PAN ha dicho, en principio, sí, pero no a cualquier precio. Si el PRI quiere fortalecer al IFAI, se hará, pero sólo si le dota de facultades para enmendar la plana a gobernadores y alcaldes. Habrá comisión anticorrupción, si se acompaña del fortalecimiento del control ciudadano de los cargos de representación, vía la relección. En suma: la postura del PAN es sí a reformas, siempre y cuando se enriquezcan.

También PRI y PAN quieren reformas estructurales, la primera de ellas: la hacendaria. El Estado es débil no sólo por ineptitud: también por pobreza. Con una de las tasas más bajas de recaudación de América, el Estado Mexicano parafrasea al filósofo de Atlacomulco: un Estado pobre es un pobre Estado. No hay duda: hay que darle recursos al Estado: la pregunta es cómo y para qué. El PRI ha dicho con un IVA general. El PAN con facultades a estados y municipios. Hay puntos de coincidencias construibles en medio de estos caminos.

La incógnita de la agenda nacional son las izquierdas. Poseedoras de la segunda votación nacional, sus bancadas han dejado claro lo que no harán, como siempre, pero no terminan de definir que sí impulsarán y con quién. Lo peor que le pude pasar al país es quedarse con una agenda sin el sentido social que debe proyectar la izquierda mexicana.

Las crisis traen siempre oportunidades. Hay motivos para visualizar un aliento reformista en el congreso. Tal es el sentido del voto ciudadano y tal es la gran urgencia nacional. Llegó la hora a los nuevos legisladores de probar porqué recibieron la confianza popular, y si piensan honrarla.

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