LA DESORIENTACIÓN NACIONAL
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EL OTRO CALDERÓN
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LA CONVERGENCIA AUTOCRATICA

20/06/2011

Andrés Manuel López Obrador ha dado el siguiente paso en su carrera para construir su segunda candidatura Presidencial. Ha pasado de una situación de facto a una de jure. De los hechos al derecho. Del discurso a la praxis. Se ha apoderado del partido Convergencia que le servirá, junto con el PT en su momento, para contender.

La decisión de Dante Delgado, que es el dueño de Convergencia, para privatizarlo y cedérselo al peje, perfila una estrategia en dos tiempos. El primero: tener una franquicia propia para aparecer en la boleta, para recibir financiamiento público y para poder hacer una campaña nacional que lo posicione previo a la encuesta de septiembre en donde definirá si rompe con el PRD o no.


El partido cambiará de nombre por el de Movimiento Ciudadano, con lo que pretenderá refrescarse y buscar el relanzamiento del tabasqueño y de su propia franquicia. El paso conlleva, con todo, serios riesgos. En primer lugar porque Convergencia tiene todo, menos ser un receptáculo de ciudadanos. No es un partido: es un patrimonio, un patrimonio personal de un solo hombre: Dante Delgado. No es un partido: es un negocio.

Por serlo, el partido no ha querido abrirse a cuadros ciudadanos de calado nacional. Desprecia a Juan Ramón de la Fuente, sospecha de Martí, Wallace o de todos aquellos que no compartan su intolerancia ideológica. Esa cerrazón le ha costado, y mucho: el partido ha visto desplomarse su posicionamiento electoral en los últimos años. Esta autocracia choca con el nuevo nombre: no es, no puede ser, un movimiento. El estancamiento es lo que ha caracterizado la política interna de Convergencia y es probable que esa situación no cambie en el futuro.

Pero Convergencia era un nombre, para bien o para mal, conocido. Es dudoso que pueda ser reposicionado en un lapso tan breve como para propulsar un crecimiento importante en términos electorales. Más bien, la intención es dar un cauce institucional a MORENA, el ejército de tierra de López Obrador. La apuesta es esa: tener una maquinaria terrestre, de movilización, lo suficientemente poderosa para doblar a Marcelo Ebrard, al PAN y, por supuesto, al PRI.

El segundo paso de esta estrategia es dinamitar la posible unidad de las izquierdas. Esto es: López Obrador cuenta con dos partidos. Con un movimiento amplio de simpatizantes. Cuenta con presencia electoral y nombre propio. Tiene un compromiso con Marcelo Ebrard: quien esté mejor posicionado de ambos, irá a la boleta. El dilema metodológico es el siguiente: en una encuesta interna, López Obrador ganará la candidatura. El problema es que la Presidencia no se gana con militantes. Se gana entre ciudadanos. Ciudadanos sin partido. Ciudadanos que en un 35% manifiestan que nunca votarían por López Obrador. Ahí es en donde Marcelo Ebrard puede tener una anchura de márgenes de crecimiento muy superior, en donde puede ganarle a López Obrador y en donde vendrá la colisión.
El peje tiene una ventaja y una desventaja. Ha llegado hasta aquí, vivo, vigente, por seguir siendo Andrés Manuel López Obrador. La desventaja: se dirige a un fracaso por seguir siendo, precisamente, el mismo Andrés López Obrador.

La ventaja es que su actitud férrea le ha dado la razón en muchas calamidades que advirtió sucederían. Su diagnóstico del país es en muchos puntos acertado. Su agenda programática da en el centro de muchos problemas y complicidades que anudan el desarrollo nacional. Es correcto su enfoque de eliminar los monopolios, de combatir la corrupción, de promover el mercado interno, de inyectar recursos al sector energético público y nacional.

La desventaja de López Obrador es que sigue sin haber generado vasos comunicantes con el sector privado y las clases medias, una capa de mexicanos tan grande como los marginados. Carece de presencia alguna en todo el norte del país y en el bajío. Su antigua presencia en el Estado de México y Veracruz se ha debilitado severamente. No posee una estrategia de comunicación y los Estados Unidos desconfían de él. Quizá lo más grave, todo su esfuerzo está centrado y gira en torno a su propia persona. Por eso ha perdido los reflejos estratégicos que tuvo cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Es el mismo López Obrador. El de los 15 millones de votos que ya no existen. El que tuvo la bancada más poderosa en la Cámara Baja y no logró nada. El que mete en la misma bolsa a todos los empresarios, olvidando que hay millones de mexicanos que son emprendedores familiares. El que no concilia. El que sólo ve a través del espejo.

El mismo que es honrado, que se aferra a sus convicciones. El que ve un país que otros niegan, porque lo ordeñan. El que tiene una base popular de millones.
El que va a faltar a su compromiso de declinar su aspiración si Marcelo Ebrard le supera en posicionamiento.

Andrés Manuel López Obrador ha decidido que estará en la boleta en el año 2012, al precio que sea. Y estará. Dante Delgado se ha asegurado de ello. En el PRI deben estar de fiesta.

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