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LAS VERDADERAS OFENSAS

 

25/04/2011

No debería indignarnos la deshonra que flota sobre México y lo mexicano en todo el mundo. Patrioteros, nos desgarramos las vestiduras ante los comentarios, sarcasmos, críticas u ofensas que cada vez con mayor frecuencia nos lanzan desde el exterior.

En México, la hipersensibilidad soberana, propia del siglo pasado y no de un mundo global, se enardece lo mismo con los reportes del embajador de Estados Unidos filtrados a wikileaks, que con programas de comedia ingleses o caricaturas francesas.

La realidad, con todo, rebasa cualquier crítica o sarcasmo.

El gobierno de Oaxaca ha denunciado un posible quebranto de más de 1,800 millones de pesos del gobierno de Ulises Ruiz. En Veracruz las cifras del saqueo escandaloso superan, por lo pronto, los dos mil millones de pesos y se habla de pasivos que incluyen a proveedores, obras fantasmas, empresas inexistentes, por, quizá, diez veces esa cantidad. Amalia García es acusada de conductas similares en Zacatecas. En Jalisco son conocidos los desmanes, etílicos y de abuso en el ejercicio de los recursos públicos, del gobernador. La casa presidencial no se salva: los excesos de Patricia Flores, la otrora poderosa jefa de la oficina de la presidencia han quedado sepultados en el olvido, igual que las acusaciones contra Juan Camilo Mouriño y César Nava.

Todo ello habla de un país sin escrúpulos.

La terrible cotidianidad de la violencia nos rebasa. La sociedad está adormecida por la continuidad de los golpes mediáticos que amenazan con ya no conmovernos. 40 mil ejecutados. Autobuses completos secuestrados. 400 maletas abandonadas en la estación de camiones de matamoros. Territorios enteros sin ley, como Tamaulipas. Milenio habló el domingo pasado de la madre de todas las fosas: 700 cadáveres. La página editorial de the economist de hace dos semanas señala con preocupación la penetración de los zetas en Centroamérica, generando un negocio global y amenazando la fragilidad institucional de la región.  Los migrantes son usados como carne de cañón o, quizá, algo peor. En Tijuana la violencia se ha casi duplicado pero se premia al responsable  haciéndolo, nada menos, que secretario de gobernación.

Hay más de 7 millones de ninis que es un acrónimo terrible para definir a gente sin futuro. Fuimos, hasta 2008, el único país de América que generó pobreza, además del de menor crecimiento de América latina.

¿Por qué nos molesta que el mundo nos señale con horror?

El alma de México está siendo macerada. Los  verdes campos de México están siendo trastocados en campos de la muerte. El mundo se escandalizó ante el descubrimiento de que el ejército alemán, en 1944, asesinó a todos los habitantes de Lídice, un pueblo de Checoslovaquia que presuntamente ocultaba a los asesinos de Reynhard Heydrich. La fosa de Tamaulipas contiene el doble de cadáveres, también de niños, también de mujeres, también de hombres,  ejecutados con igual crueldad, frialdad y saña. Estamos anestesiados ante el horror. Nos estamos acostumbrando, además, a la mediocridad. A no crecer. A no generar empleo y que otros –Estados Unidos, el ambulantaje o los narcos- lo generen por nosotros. Estamos posponiendo el futuro, como si eso frenara su llegada, puntual y fatal.

Erich Fromm alertó en “el miedo a la libertad” sobre los riesgos de una colectividad pasiva y de una minoría activa, estridente y autoritaria. Llegará el momento, quizá, en que muchos estén dispuestos a entregar la libertad a cambio de paz. El mundo lo sabe. Nosotros, también.

¿De qué nos ofendemos?

Lo único que debería ofendernos sería esta terrible realidad.

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