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Perestroika sin Glasnot

22/10/2012

Las propuestas lanzadas desde la Unión Europea por Enrique Peña Nieto hablan de la confección de un proyecto de modernización de la economía nacional. El presidente electo no dijo en su gira europea nada que no haya propuesto en campaña: habló de la apertura del sector energético a la inversión privada sin comprometer la propiedad estatal; de incrementar la recaudación mediante una reforma hacendaria; de utilizar los recursos de la recaudación para configurar un nuevo sistema de seguridad social.

La agenda tiene mucho sentido económico. De plantearse correctamente, podría tener una importante vertiente social. El problema es que no sabemos si la política le alcanzará a Peña para pasar sus reformas. Para lograrlo, tendrá que superar la oposición. La más dura: la de su propio partido.

Las señales que ha mandado el PRI con su actuación en el tema laboral, son que está dispuesto a hacer cambios económicos, pero sin tocar su vieja estructura política. La rebelión de los liderazgos sindicales habla por sí misma. Las imágenes de la relección de Carlos Romero en plena discusión de la opacidad sindical son hasta insolentes. Pero Peña los necesita. Sin ellos, se pierde el número mágico de la mayoría en el Congreso.

Por lo mismo, seguramente la opción del nuevo gobierno será una similar a la que se presentó en el gobierno de Carlos Salinas: podrá haber perestroika, pero sin glasnot. Reforma económica, no reforma política.

Los grandes intereses, así, no se tocarán, sino de manera selectiva. Por ello el tricolor ha abandonado la idea de meter en orden a los sindicatos y se habla de una propuesta anticorrupción disminuida y descolorida, seguramente para no ofender a gobernadores ni alcaldes.

El grave problema vendrá cuando las reformas toquen a esos intereses. No puede haber una reforma educativa de gran calado con este sindicato. Ninguna inversión privada en PEMEX tolerará los actuales arreglos con su sindicato. Desmantelar los monopolios obliga a romper con las televisoras. Una reforma hacendaria debe tocar al comercio informal, que en muchos lugares forma parte de la estructura del PRI. Una nueva seguridad social es impensable sin resolver, de manera responsable y seria, el tema de las pensiones, que lo enfrentará, en el primer round a la burocracia federal y, luego, a la de los 21 estados que gobierna el PRI.

Puede ser que Peña no haya querido atar el futuro de su proyecto a la aprobación de una reforma panista. Puede ser, también, que aún no tenga, como no los tiene, todos los hilos de poder. Puede ser que esté reservando las batallas que elegirá dar. Puede ser que busque un castigo ejemplificador que alinee al resto de sus aliados.

Con todo, el mensaje actual a la sociedad es, en el mejor de los casos, de incertidumbre. En política, en ocasiones los peores enemigos son los aliados. Pretender modernizar el país económico sin tocar el país político es una tarea imposible. No pudo hacerse hace veinte años y no podrá ser posible ahora. Los costos ante la sociedad serán de tal magnitud que pronto se podrá caer en el dilema del reformista: la cristalización de un proyecto de gobierno exitoso no se puede lograr sólo con los aliados…pero tampoco sin ellos.

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