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¿Qué pasa en el PRI?

23/01/2012

 

Algo está sucediendo dentro del Partido Revolucionario Institucional. Ha habido cambios, reacomodos, separaciones y fracturas. ¿Qué sucede?

El viejo partido de la revolución se encamina a preparar el asalto final a Los Pinos. Lo separan de la casa presidencial seis meses y más de 20 puntos sobre su más cercano contrincante. Cierto: pero también faltan dos trámites centrales: las nominaciones a candidatos al congreso, a las gubernaturas y, más importante, la elección.

Los últimos acontecimientos implican que en el partido se está imponiendo el pragmatismo para impedir que la elección presidencial se contamine.  Los reflejos más afinados de sus dirigentes pueden estar prevaleciendo sobre las decisiones de grupo. Por eso, al parecer, dentro del tricolor se ha puesto en marcha una barredora que busca alinear todos los intereses en busca de ir tras las simpatías de los votantes independientes.

Desde los cuarteles generales de Enrique Peña Nieto se han ido procesando decisiones difíciles, complejas, en pos de construir una candidatura ganadora. La operación para obtener la candidatura fue el primer hecho de importancia. El partido logró saltar la etapa de confrontación con el grupo del senador Manlio Fabio Beltrones apoyado en una negociación política de amplio espectro.

La segunda decisión relevante fue separar a Humberto Moreira del cargo de presidente del partido. Moreira debía irse y se fue una vez que estuvo definido el proceso de unidad. Moreira no sólo se fue: se fue sin ruido. Igual de importante que la salida fue la entrada: Pedro Joaquín Coldwel l es no sólo un político curtido y respetado: es también un hombre cercano, con gran interlocución con Beltrones y su grupo. Es un hombre, además, sin pasado. Al menos sin un pasado reciente que logre ponerlo en el centro de una operación de demolición.

Las nominaciones a las gubernaturas se complicaron por los intereses locales, pero han sido resueltos paso a paso. Salvo en el caso de Chiapas, en donde se fracturó la estructura priísta, en los demás casos, particularmente Tabasco, la lógica del posicionamiento en encuestas más que las simpatías de los gobernadores han decidido las nominaciones. No es, por tanto, un hecho menor el que comiencen a existir nuevas coordenadas de decisión que van más allá de los poderes locales.

Los siguientes movimientos se dieron la semana pasada. Primero, el equipo cercano de Peña Nieto ocupó las posiciones más sensibles del CEN del PRI. Con la excepción de José Murat –un personaje que representa lo peor de la política- la decisión recayó en personas de gran experiencia y capacidad, en particular Miguel Angel Osorio Chong y Jorge Estefan. Tras que la estructura poblana coló en un mitin a Mario Marín, Peña no tuvo empacho en ofrecer una rueda de medios y deslindarse de él.  Posteriormente, desde el CEN se operó la salida de exgobernadores impresentables en las secretarías de coordinación regional. En este sentido se privilegió la imagen pública del PRI pero también se pretendió evitar la inoculación de un virus destructivo en la estructura de campaña.

Y por último vino la ruptura con el PANAL. El partido propiedad de Elba Esther Gordillo pesa. Cierto. Obtuvo más de 4.5% y 3.2% en las elecciones de diputados federales de 2006 y 2009. Al mismo tiempo, sin embargo, Gordillo es uno de los personajes con mayores opiniones negativas entre los ciudadanos independientes. El potencial electoral del partido puede quedar neutralizado por los votos que facilita a los adversarios.

En este caso, sin embargo, los votos en contra iban a ser  más muchos más. En las mesas de negociaciones, Gordillo obtuvo con Humberto Moreira, su pupilo, 6 candidaturas al senado y 24 diputaciones. De las primeras, el viernes la Maestra pretendía presentar al electorado a su hija, por el escaño de Chiapas -pese a ser del DF- a su yerno en Sinaloa y a Jorge Kawage. ¿Cuántos votos quitan esas figuras? ¿Qué afecta más a la imagen de Peña Nieto: romper o mantener los vínculos con ese grupo a cualquier costo?

Cuando se le pidió al PANAL apoyar al candidato del PRI en el DF, yerno de Manlio Fabio Beltrones, la líder magisterial se opuso, pese a que su gran capital electoral está en la capital. Un aliado poco solidario, lleno de cadáveres en el clóset, pero con capacidad de operación, vale poco.
En suma, Peña Nieto ha estado demostrando que puede tomar decisiones difíciles y que cuenta con el equipo para operarlas. Sabe que las elecciones se ganan afuera, no adentro. Entiende que no puede arriesgar su proyecto para salvar el de otros. Asume los costos de tirar el lastre de su propio buque a tiempo, antes de mantener a los objetivos de los misiles enemigos. Conoce que, en la aritmética política en ocasiones hay sumas que restan más de lo que aportan y hay multiplicaciones que dividen. Ir en la boleta sin Elba Esther Gordillo es mejor que cargar su peso a cuestas.

Están por verse aún los resultados de estas decisiones. En política las más grandes distancias pueden desaparecer. A la mano de esta operación ha habido errores, y no han sido pocos. Persisten personajes que llenan de espanto a la sociedad. Pero se está mandando un mensaje de que se implementarán los cursos  de acción política que se consideren necesarios para ganar. Que hay reflejos políticos. Que existe vocación de poder y que se sabe utilizar los instrumentos de poder. Eso es lo que está pasando en el PRI.

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