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RADIOGRAFÍA MEXICANA

27/02/2011

 

Las declaraciones del Secretario de Hacienda sobre la clase media desataron un doble escándalo: el primero producto de un dislate; el segundo producto de la sorpresa. Cuando el Titular de las finanzas nacionales declara que una familia puede vivir bien con 6 mil pesos revela el absoluto desapego de los tomadores de decisión nacional con la realidad. Eso ha sido suficientemente comentado.

Lo que no se ha analizado a fondo es la segunda causa de estupor: la sorpresa ante la afirmación que una familia que tiene entradas económicas por seis mil pesos se considere de clase media. Es lamentable, pero así es. De hecho, el Secretario falló en su dato: son clases medias aquellas familias con ingresos de cinco salarios mínimos o más: casi ocho mil pesos.

Así, no es la definición la que está mal. Es la realidad. México está hundido en un problema triple: falta de crecimiento, escasa producción de riqueza y pésima distribución de la que se genera.

Por eso, la debilidad del salario en México es tal que esa cantidad –casi 8 mil pesos- no transmite la noción de lo que percibimos como clase media.

No es un mundo ideal, por supuesto, pero la clase media, esta clase media, fue creciendo de manera consistente a lo largo de los últimos años, hasta el año 2008. Nadie calificaría esto como “milagro económico” pero era algo. El largo periodo de estabilidad económica que se registró entre 1995 y el año 2007 hizo que la franja media de ingreso de la población se ensanchara. En su pico, superó los doce millones de familias que pudieron acumular ingreso, construir un patrimonio y aprovechar la oferta, escasa pero oferta, de financiamientos bancarios: algo así como 48 millones de mexicanos pudieron ingresar en un segmento que les permite, así sea de manera estrecha o parcial, ser sujetos de crédito.

Este crecimiento se rompió en el año 2008, cuando al menos dos millones de familias regresaron a la pobreza: primero por la crisis alimentaria del 2008 y después por la crisis financiera del 2009. Hoy, se estima que la clase media mexicana, que gana entre 8 mil y 43 mil pesos, incluye a alrededor de 40 millones de mexicanos.

La pregunta clave es, ¿por qué una familia que ingresa 8 mil pesos es considerada como clase media? Porque hay, en la base de la pirámide socioeconómica mexicana, un país empobrecido que apenas logra sobrevivir con 26 pesos o menos al día. Esos, los pobres de México, constituyen un país en sí mismos: 50.6 millones de mexicanos. De ellos 19 millones y medio viven en pobreza extrema.

Las clases bajas del país pueblan la vasta geografía nacional: 13 millones 336 familias, alrededor de 54 millones de personas, se consideran de clase baja. Con todo, subrayo, de ellos, 50.6 millones son sin lugar a dudas, pobres: con una gran carencia de alimentación, salud, educación. El sótano de la economía nacional está repleto de mexicanos que carecen de esperanza alguna.

Pero México tiene, además, un problema de desigualdad. Para medir los ingresos de la población de un país, los economistas usan el término decil. Son diez segmentos en donde el decil uno indica a los ciudadanos de mayor ingreso y el diez a los de menor. El decil uno en México concentra el  36% del ingreso y sólo involucra a ocho millones de mexicanos. Para ponerlo de otro modo, algo así como el 6% de la población nacional se lleva al 36% de la riqueza. Los más pobres, en contraste, 50 millones, se quedan con el 1.5%.

La clase alta en México se considera aquella que registra 44 mil pesos o más de ingreso mensual. ¿Cómo es esto posible? Nuevamente, la explicación está en que los salarios son muy bajos en todo el país y eso hace que las clases altas se ubiquen en un umbral en apariencia no tan elevado.

Pero hay algo más: si se escarba en el decil más alto veremos que ahí se ensancha abismalmente la desigualdad. Si el 10% más rico del país concentra el 36% de la riqueza, el 0.01% se lleva el 15% de la riqueza nacional. Son 15 familias, los súper ricos, que acumulan una gran rebanada del pastel nacional.
Ahí está una de las grandes paradojas de México: aquí hay desigualdad hasta entre los ricos.

Los datos revelan el drama silencioso, que enfrentan millones de mexicanos. México debe reformular sus reglas, enfocarse a crecer, a generar empleo y a repartir la riqueza. Para lograrlo, requiere, entre otras cosas, de un Estado que funcione. Es preciso hacerlo, además, respetando las libertades de las personas. La India, Irlanda, Brasil demuestran que es posible crecer con democracia.

La radiografía socioeconómica de México ilustra un organismo frágil, debilitado y exhausto. La imagen no mejorará cambiando al radiólogo. Hay que fortalecer el cuerpo.

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