DE VUELTA
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LAS MEDIDAS DOLOROSAS
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TIEMPO DE REFORMAS

01/08/2011
La solicitud del Ejecutivo al Congreso para reestructurar las obligaciones financieras que enfrenta y su posterior aprobación deberán ser sólo el inicio de un largo, frecuentemente doloroso, e  imprescindible proceso de reforma en Veracruz.
La petición hecha al Congreso resultó en un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas sobre el estado en que se recibieron las finanzas públicas de la entidad por parte del gobierno que inició el pasado primero de diciembre. El saldo no puede ser más lamentable. 30 mil millones de pesos es el monto que anudaba la acción del Estado. Los compromisos superan, con mucho, la liquidez del gobierno y las posibilidades de honrarlos con recursos propios. De ahí que la reestructuración fuera la única vía responsable y seria para enfrentarlo.
El esfuerzo financiero ha sido la carta que eligió el Gobernador Duarte para arrancar el proceso de reforma. No podía ser de otro modo. Parafraseando a Carlos Hank, un gobierno pobre es un pobre gobierno. Por eso comenzó con la administración de medidas que sólo pretenden devolver a la acción pública al cauce de la racionalidad.
Una vez sustentado este paso, sin embargo, deberá impulsarse la amplitud y el calado de las reformas. La sanidad financiera es una condición necesaria pero no suficiente para reconducir a Veracruz a la senda del desarrollo.

 

Los últimos datos del CONEVAL revelan el lastimoso estado económico y social que se hereda del pasado reciente. Más allá del uso y abuso de los recursos públicos como si fueran patrimonio personal, del culto a la personalidad, del populismo irresponsable, se encuentran las consecuencias terribles en la piel de Veracruz. 58% de los veracruzanos viven en pobreza, de los cuales 18% viven en pobreza extrema. 600 mil de ellos ingresaron en el reino del rezago en el periodo 2008-2010. Las cifras superan, por mucho, los indicadores de pobreza del país en su conjunto.

 

En otras palabras: no solamente hubo en medio del desorden un despilfarro: fue un despilfarro inútil.

 

Las decisiones que se han tomado son correctas, no hay márgenes de maniobra si no se comienza a construir un nuevo estado. Por lo mismo, a la vertiente financiera, se deben sumar las reformas económicas, las de política social y la reconfiguración del sector público.

 

Veracruz es un Estado rico que se hunde en la pobreza. Requerimos una agenda comprehensiva de desarrollo de competitividad que modernice las estructuras productivas de Veracruz. Debemos buscar nuevas coordenadas al desarrollo: generación de conocimiento, investigación, ciencia y tecnología aplicadas a la producción, encender nuevos motores de crecimiento: el sector logístico, el energético  y el turístico son las opciones más atractivas y asequibles. Veracruz debe abrirse a nuevos retos y debe abrirse al mundo.

 

Resulta claro que mientras la economía no crezca, tendremos un déficit social que se vuelve, cada día, moralmente insostenible. De ahí que la política social deba enfocarse a generar nuevas redes de protección y desarrollo de habilidades individuales que permitan ir extrayendo talentos de la pobreza. Los ejemplos del sudeste asiático, de Brasil y de Chile son patentes en la dirección que se ha probado mundialmente adecuada.

Por último, se requiere volver a dotar de profesionalismo al sector público. La personalización del ejercicio del poder derivó en la supresión de equilibrios dentro del Estado y en la desaparición de las políticas públicas. A Veracruz le urge profesionalizar la administración pública, extender los efectos del actuar gubernamental y reconfigurar los pesos y contrapesos entre poderes pero, sobre todo, restituir la moralidad y la ética dentro de la función pública.

 

Más allá de un lastre insalvable, lo que tiene frente a sí Javier Duarte es la oportunidad de pasar a la historia como el reformista, el modernizador del que Veracruz ha carecido durante décadas. La historia dice que las sociedades saben reconocer a aquellos gobernantes que toman las decisiones más necesarias, que generalmente son las menos populares. La época de la popularidad como el principal valor del gobernante se agotó. Ahí reside una gran oportunidad. Se abre la posibilidad de generar un nuevo consenso  y convocar a un esfuerzo colectivo para el crecimiento, la equidad y la aplicación de la ley.

 

En su último libro, sobre China, Henry Kissinger recuerda que el principal atributo de los líderes políticos es tener el coraje de llevar a sus sociedades del estado en el que se encuentran al que nunca han tenido. Tal es el horizonte que se abre en el futuro inmediato para Veracruz.

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