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La Gran Degeneración

28/10/2013

En su más reciente libro, ¨La gran degeneración”, el historiador económico Niall Ferguson habla sobre las razones por las cuales los estados se derrumban y las naciones pierden esplendor. A su juicio, la decadencia llega cuando las instituciones envejecen, cuando el estado derecho se relaja, cuando la sociedad se abstiene de participar en la vida pública y deja la política en manos de los políticos.

Los Estados Unidos viven un proceso indudable de decaimiento. Su deuda pública es equivalente al tamaño de su PIB. Si se agrega la deuda privada, la cifra alcanza niveles de vértigo: 2.5 veces el tamaño total de su economía. El rápido crecimiento económico de otros países hará que el mundo pase, en breve, a tener varios ejes de equilibrio geopolítico.

La decadencia de Estados Unidos ha venido reflejándose, justamente, en el mal que señala Ferguson: sus instituciones, sus leyes, su política, ha sido capturada por grupos rentistas, que buscan extraer lo más posible en el menor plazo.

En el 2000, la democracia estadounidense estuvo a prueba. La elección de George W Bush se definió en Florida, un estado gobernado por su hermano. Hubo pruebas consistentes de manipulación del voto, cuando no de fraude. La Suprema Corte de Justicia pronunció un fallo lamentable. La propia corte ha sido cooptada por intereses conservadores. La irrupción del Tea Party como una minoría radical que ha capturado al congreso revela la penetración de intereses especiales en el congreso.

El ataque artero contra las torres gemelas reveló fallas terribles en los sistemas de seguridad que derivaron, a su vez, en dos consecuencias lamentables. Primero, Estados Unidos abandonó su tradición multilateralista para atacar solo a Irak sobre acusaciones falsas. Segundo, desmanteló buena parte del respeto a la privacidad y al estado de derecho al expedir la Ley Patriótica: una ley de excepción que autoriza al estado a invadir muchos aspectos de la vida personal de las personas en aras de la seguridad.

Ahora sabemos del posible involucramiento de la CIA en el asesinato de Enrique Camarena, un agente de la DEA. Las filtraciones de wikileaks, son prueba de que existe un relajamiento de los controles dentro del Departamento de Estado. Peor, en el mismo sentido, el escándalo del espionaje a dirigentes de todo el mundo. Más allá de lo anecdótico del tema, el fondo reside en que la Agencia de Seguridad Nacional, la más poderosa del mundo, fue penetrada y sus secretos filtrados a medios de todo el mundo. A ese grado la vulnerabilidad.

Por último, la clase política americana estuvo a punto de enviar al abismo a la economía mundial por una intentona de frenar la agenda de reformas a la seguridad social del presidente Obama. Llegaron al grado de dar un apagón al poder ejecutivo.

Las fortalezas de una nación palidecen cuando sus instituciones no están a la altura de su sociedad. El destino de una nación cambia cuando la voluntad de los hombres está por encima de la ley. El futuro se desvanece cuando los sueños fundadores se tiran al olvido.

La política se vuelve egoísta e injusta cuando los ciudadanos se alejan de ella. No existe nada peor que la personalización del poder: surge el capricho como motor del ejercicio del poder. Los grupos especiales estarán siempre dispuestos a preservar el interés particular por encima de un proyecto colectivo de nación.

Estados Unidos está decayendo porque, simple y sencillamente, ha dejado de ser lo que fue. A este paso, el sueño amenaza con convertirse en pesadilla.

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