Este año
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ESTE AÑO II

Fernando Vázquez Rigada
Enero 13, 2014

Este año México deberá mostrarse así mismo y al mundo que ha emprendido una ruta decidida hacia el progreso y la modernidad. Las bases podrían estar sentadas. Hay reformas a nivel constitucional. Hay expectativa de los mercados. Hay pronósticos de crecimiento de casi el doble del resto de América Latina.

Pero las expectativas no son realidad. Para hacerlo, se requerirá una gran dosis de talento político.

En primer lugar, las reformas tendrán que aterrizar en transformaciones profundas. Los intereses que se han tocado no son menores, pero es imposible saber si las reformas van en serio o no. Si la filosofía presidencial es cierta y se pretende recuperar el papel del estado como garante del interés público, la implementación de las reformas deberán, sin dejar huella de sospecha, aplacar a los maestros, desbaratar los monopolios, abrir los sectores a la competencia, frenar el abuso de los bancos y proteger el interés nacional en el sector de la energía.

En segundo lugar, el gran reto de este año será el garantizar una gobernabilidad que de sustento a una nueva realidad económica. La república enfrenta presiones consternantes. Hay un trozo de territorio ocupado por fuerza ilegales –las autodefensas-, hay un brote de inseguridad, hay demasiada corrupción, hay ineptitud y abuso local.

México no tiene, por lo pronto, una plataforma de poder que brinde gobernanza democrática a un país que pretende cambiar.

Construir esa plataforma requiere de gran talento, visión y conocimiento legal. México se mueve a diferentes ritmos. Uno es el federal, otro el local y otro más el municipal. Los huecos de la gobernabilidad son cada vez más evidentes y cada vez más preocupantes.

Para que el cambio coagule en una integralidad funcional, se requiere generar un nuevo modelo de gobernanza que reinstale el imperio de la ley en todo el territorio, haga homogéneas las normas democráticas, garantice la transparencia y la rendición de cuentas en todos los órdenes de gobierno y genere un sistema coherente de pesos y contrapesos que incentiven la participación social.

La nueva legalidad no tiene una institucionalidad que le de anclaje. Los cambios sin reglas claras se convierten en modas. Generar riqueza sin dotarla de controles no incentiva la igualdad, sino la corrupción. La autoridad que no se aplica termina por convertirse en complicidad.

Lograr acuerdos es importante. Mantenerlos lo es más. Hacerlos perdurables y socialmente sustentables es una prioridad. Ese es el gran reto de este año.

@fvazquezrig

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