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BASURA

Fernando Vázquez Rigada
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Uno termina siendo lo que hace.

Basura. Toda su vida ha vivido de ella hasta fundirse con el desecho. Ha sobrevivido por la impunidad, por el abuso porque la fuerza bruta funciona en sistemas brutos. Eso es Cuauhtémoc Gutiérrez: un desecho de nuestra sociedad que, sin embargo, ahí está, con nosotros.

Este no es el primer acto de salvajismo de este hombre. Ojalá sea el último. Su ascenso en el poder se ha dado gracias a los motores que funcionan en un país extraño, a menudo lamentable, como este: la transa, la violencia, el cochupo, el abuso.

Fue heredero de un poder proveniente del negocio de la basura en la capital, tras la ejecución de su padre, Rafael, ordenada por su esposa en turno, harta de los golpes, la sevicia, y la humillación cotidiana. Ordenó su muerte tras la violación reiterada de una sobrina de 16 años. Tras años de confinamiento. Tras una suerte de esclavitud sexual. Era el gran cacique de los basuros de Santa Fe, con un ejército de cinco mil personas que vivían de la basura, en la basura, pero que votaban por el PRI.

Cuauhtémoc Gutiérrez hizo de la pepena política su forma de sobrevivir, y le funcionó. Quiso reciclarse, y lo logró. Fue líder juvenil del tricolor, dirigente de su movimiento territorial en el DF, secretario adjunto a la Presidencia del CEN del PRI, Consejero Político Nacional y presidente del Comité Directivo en el DF. El listado no es currículum: es una radiografía. Era un cuadro distinguido en un partido que habla de modernizar al país, de reformarlo todo siempre y cuando el precio no sea reformarse a sí mismo.

El tufo de su carrera inundaba los rincones de la capital. Fue diputado federal tras hacer que la propietaria renunciara, en el escándalo de las juanitas, dos días después de tomar protesta. La mujer como objeto.

Cayó por ponerse el reflector en su degradación, pagando con recursos públicos (hacerlo con privados no haría diferencia sustantiva) servicios de edecanía, atenciones sexuales a la hora que el señor dispusiera: eso sí, siempre en hora de oficina. La mujer como carne.

Pensaría sin escrúpulo que no forzaba a nadie a nada. Porque pagaba. Y se compra lo que el dinero alcanza. La mujer como mercancía.

Gutiérrez pertenece a la generación de políticos despreciables que la alternancia parió: Pancho Cachondo, del PAN; Juanito, del PRD; Jorge Kawagi, del Verde y el PANAL, que dirigió. La podredumbre se extiende a todo el sistema de partidos.

Hizo bien el PRI nacional, al menos, en ordenar pronto su remoción. No basta. Será necesario escarbar hondo en las montañas de desechos: en las violaciones, el lenocinio, el estupro, la violencia desmedida. El PRI debe ser el primer interesado en castigar, para que el castigo sirva de ejemplo y, acaso, de punto de partida para una limpieza mayor.

El ostracismo político no basta. La condena pública tampoco. Falta el veredicto judicial.

Cuauhtémoc Gutiérrez es, simple y lamentablemente, el ejemplo de lo que ya no puede ocurrir en el país. Es el residente de lo más hondo de las cañerías del viejo sistema clientelar. Escoria. Vileza. Basura.

@fvazquezrig

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