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Fernando Vázquez Rigada
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No se esperaba la decisión del Banco de México para bajar las tasas de interés. No se esperaba, pero se agradece.

El Banco hizo a un lado su ortodoxia férrea y decidió empujar el crecimiento desde el flanco monetario. No hay en el horizonte, por lo pronto, nubarrones serios de inflación. Meter dinero al mercado implica tratar de apuntalar el consumo interno y la inversión que han venido teniendo una débil recuperación.

Bajar las tasas medio punto es una decisión oportuna. Manda un incentivo para no tener el dinero en los bancos. A los bancos, para abaratar el crédito.

Es una decisión congruente con el momento que vive el país. Lo que no es congruente es la incompatibilidad de objetivos entre los dos principales centros de diseño económico del país.

Mientras el Banco busca estimular el mercado interno. Hacienda presiona para frenarlo.

Los datos más recientes de recaudación hablan de un incremento notable en los ingresos fiscales. Pero estos no han sido necesariamente resultado de la reforma fiscal. Han sido producto de la rigurosa fiscalización a contribuyentes, especialmente personas físicas. Producto de 19 mil auditorías han entrado más de 32 mil de millones de pesos a las arcas del gobierno: arriba de 80% comparado con el año anterior, pero apenas superior en 3% al máximo recaudado (2010).

Los efectos de la reforma fiscal para abatir el consumo vía tarjetas de crédito ha sido importante. Los mercados de consumo alto han resentido también las medidas de fiscalización. Walmart volvió a tener baja en sus ventas en mayo, así sean ya sólo menores al 1% mientras que hace dos meses eran más 4%. El disparo en la morosidad (+90%) habla de personas sin dinero para cumplir con sus obligaciones.

El Estado Mexicano tiene, económicamente, dos hemisferios, pero no están conectados entre sí. Hacen falta conexiones neuronales entre ambos.

Uno estimula el consumo; el otro aumenta impuestos y audita los gastos.

Uno suelta flujo al río. El otro lo seca.

En un momento inoportuno, uno leva anclas en la tormenta. El otro nos arroja un salvavidas.

A ver si nos salvamos.

@fvazquezrig

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