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EL CÍNICO

Por Fernando Vázquez Rigada

 

El Congreso Mexicano ha aprobado que el enorme pasivo laboral de PEMEX pase a ser deuda pública, a efecto de limpiar las cargas de la empresa y permitirle competir con eficiencia en el nuevo esquema de mercado abierto.

Habría que hacer varias consideraciones al respecto.

Primera. Es indudable que una carga de esa magnitud hacía totalmente inviable la eficiencia financiera de la empresa. Quitarle esa carga era, efectivamente imprescindible. El nuevo peso alivia, pero no cura. La principal armadura para PEMEX no era la del pasivo, sino la normativa. El régimen confiscatorio de hacienda y la dependencia de la empresa con el presupuesto de egresos es la fuente más acabada de lentitud e ineficiencia. Eso se mantiene. No hubo la intención de sacar a PEMEX del presupuesto, lo que hubiera sido la genuina cura a la enfermedad de la empresa.

Pasivos 1

 

Segunda. La medida es una verdad de Perogrullo. El estado mexicano no se hace cargo ahora de la deuda de PEMEX: siempre se ha hecho. Lo aprobado implica pasar la deuda de un bolsillo a otro del estado. La deuda era de los mexicanos. No hay ninguna novedad: lo sigue siendo.

Tercera: Limpiar las entrañas de la empresa sí era importante porque permitirá tener mejores balances financieros y, en ese sentido, acreditará mejores credenciales ante los mercados. Por ejemplo, si se decide ir a la bolsa –nacional o internacional-, si se opta por alianzas estratégicas o asociaciones con terceros los estados financieros importarán, e importarán mucho.

Pasivos 2

 

Cuarto: El tema del pasivo laboral es importante pero más importante es la situación laboral de la empresa. PEMEX es una empresa sobrepoblada y burocratizada. Posee tres veces trabajadores que sus competidores privados internacionales. Una tercera parte de sus trabajadores, 50 mil, son de confianza. 4 de cada 10 trabajadores tiene más de 50 años: se jubilarán pronto. Para limpiar el tema laboral hay que quitarle lastre humano y trabajar en el desarrollo de la productividad.

Comparativo

 

Quinto. La empresa no sólo está sobrepoblada: está empobrecida intelectualmente. Sólo 150 trabajadores, menos del 1%, tiene un doctorado. Apenas un 10% es técnico. En suma: hay mucho burócrata y poco ingeniero. Hay poca, o nula, investigación, desarrollo tecnológico e innovación. El Instituto Mexicano del Petróleo está en ruinas. Como consecuencia, de las universidades mexicanas se gradúan 40 ingenieros petroleros al año. Y eso que decimos ser potencia petrolera.

Sexto. La reforma debió haber sido inversa. Se debió primero liquidar o renegociar el contrato colectivo de trabajo y después, sólo después, transferir el pasivo fuera de la empresa. La ley trae candados pero la señal de que las cosas iban en serio tendría que haber iniciado por ahí.

Séptimo: Ya a mediados de la década pasada, el sindicato recibía 600 millones de pesos anuales en prestaciones diversas: 18 millones para gastos de viaje del comité ejecutivo, 28 millones de apoyo al comité ejecutivo, y 49 millones para préstamos. Esas cantidades implican que Carlos Romero Deschamps recibía, en promedio, cerca de 1.6 millones de pesos al día, o 200 mil pesos por hora laborable,  de los que no tenía –ni tiene-obligación de rendir cuentas a nadie.

Octavo. Los escándalos de malversación de fondos públicos por el sindicato no tienen fin. Apenas la semana pasada un juzgado condenó al sindicato a pagar 1, 400 millones de dólares por incumplir un contrato con una empresa americana.

Así las tropelías de la dirigencia sindical no tienen fin ni límite: su riqueza, a nuestra costa, es grosera y descarada. Que un líder sindical ostente yates de millones de dólares, relojes de miles de pesos, residencias, departamentos, sólo habla de la certeza absoluta de que vive bajo la protección oficial. Tiene razón: Romero Deschamps se irá y se irá pronto. Se irá a disfrutar su riqueza malhabida. Se irá impune. Lo hará porque ha entendido que la forma de sobrevivir al sistema es no desafiándolo.

Romero Deschamps no es, con todo, representante del sindicalismo. Es representante de lo peor del sindicalismo. Y este está ligado, tristemente, al sindicalismo público por una sencilla razón: se negocia con dinero ajeno.

Pasar el pasivo laboral fuera de PEMEX tiene todo el sentido práctico, pero tendrá un sentido ético sólo cuando se meta en orden al sindicato y se firme un nuevo contrato: esta vez por la productividad, la competitividad y el bienestar de sus trabajadores.

Mientras eso no ocurra, seguiremos aplaudiendo el espectáculo de Romero Deschamps que es líder sindical, multimillonario, senador de la República, empresario. Es también el reflejo de nuestra descomposición moral. La prueba de que el sistema sigue incubando corruptos, abusivos, cínicos. Del oro negro, fortunas negras.

@fvazquezrig

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