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MORENA: EL SISMO QUE VIENE

Fernando Vázquez Rigada

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El nuevo actor político, MORENA, podría modificar las coordenadas de la distribución del poder en México.

Son varias las razones para seguir su desempeño de cerca:

Primero: MORENA es producto directo de la base de seguidores del único líder social que tiene el país: Andrés Manuel López Obrador. El esfuerzo de tierra del ex jefe de gobierno del DF ha dado frutos. Tiene una base social sólida. Una que le pertenece.

Segundo. El nuevo partido será el único que mantendrá su registro sin problema alguno. La barrera de los 3 puntos porcentuales es fácilmente subsanable para López Obrador.

Tercero. El principal efecto del nacimiento del partido es la fractura de las izquierdas. Las primeras encuestas publicadas hablan de que arrebata al PRD 14 puntos en la capital, su principal bastión. Otros centros de gravedad de AMLO, como Tabasco, Oaxaca y Guerrero registrarán efectos similares.

Cuarto. AMLO no gana con esos porcentajes pero hace que el resto de la izquierda pierda. Con todo, en este momento el objetivo inicial no es obtener posiciones, sino votos. Los votos traerán las posiciones por la vía plurinominal. Más importante: más votos, más dinero. Y ahí no importa que el dinero venga de instituciones podridas ni de acuerdos entre mafias. El dinero vale igual. Una cosa es el discurso, otras las convicciones, y otra los bolsillos.

Quinto. Si para el PRD el daño puede ser mayúsculo, para otras fuerzas puede ser fatal. Particularmente para el Movimiento Ciudadano, la entrada de esta maquinaria electoral puede ser su tumba. Por ley, MORENA no puede ir en alianza. Eso excluye pláticas con Dante Delgado. Además, la relación entre el tabasqueño y el veracruzano no terminaron bien. Por eso, Delgado se ha acercado a Marcelo Ebrard, como una posibilidad de reclutar a personajes que tengan mayor anclaje en la opinión pública.

Sexto. El PT parecería contar con una base lo suficientemente sólida para sobrevivir por su cuenta esta elección. No es igual de claro si podría mantener su bancada en el Senado, en caso de que Manuel Bartlett, David Monreal, Ana Gabriela Guevara formen una bancada aparte, dejando en huesos al PT. Hasta 4 de los 5 senadores del PT podrían irse, la única senadora del Movimiento Ciudadano (Layda Sansores) y hasta 8 de los 22 senadores perredistas. En la cámara de diputados, la mitad de las bancadas de PT y Movimiento Ciudadano podrían migrar. Tener fracciones propias permitiría a AMLO asientos en las juntas de Coordinación y, otra vez, dinero.

Las encuestas actuales indican que persiste la confusión ciudadana sobre la influencia de López Obrador en el PT y el Movimiento Ciudadano. El impacto de su salida será genuinamente medible cuando permee la noción de que AMLO ya posee su propio partido.

López Obrador tratará de asumirse como la única y genuina posición al PRI. La política de negociación de amplio espectro del presidente ha tejido alianzas con todos los partidos, salvo PT y Movimiento.

Habría que ver que tanto fuelle tendrá para enfrentar la segunda mitad del sexenio. Por lo pronto, la madre de todas las batallas, la defensa del petróleo, terminó en una caricatura bochornosa. AMLO prefirió el registro de su partido a la movilización en favor de la industria energética. Ha estirado la mano para aceptar el financiamiento público. Su primera acción como partido fue emitir un spot: él, que tanto odia la política del espectáculo.

AMLO sigue siendo el personaje que atrae a una base popular, pero que se rehusa a procesar las amargas lecciones de sus derrotas. La mayor fuerza de su liderazgo es la razón, al mismo de tiempo, de su debacle: se reiterada, ciega, afanosa testarudez.

 

@fvazquezrig

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