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BALAS DE PLATA

Fernando Vázquez Rigada
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En política no hay balas de plata. Nada lo modifica todo. Las grandes transformaciones provienen de la integralidad.

Cuando llegaron los socialistas a España, decidieron reformar de manera simultánea casi todo lo que encontraron: hicieron una reforma educativa, tendieron nuevas redes sociales, emprendieron una reconversión industrial, consolidaron la democracia, entraron a la Unión Europea y a la OTAN.

Enrique Peña Nieto ha decidido entrar en serio a la reforma económica y jurídica del país. Lo ha hecho sin titubeos. El solo ha realizado más cambios constitucionales en dos años, que 6 presidentes (de Cárdenas a Díaz Ordaz) en sus respectivos sexenios. En suma, se han dado 21 reformas constitucionales. No importa tanto el número, sino el contenido. Prácticamente no ha habido sector neurálgico de la economía que no se toque.

Lo central, sin embargo, será no sólo la aprobación, sino la implementación. Importa no sólo la suma, sino la integralidad. Separadas y sin coherencia, las reformas no tendrán el poder transformador que se espera.

Es importante que el país crezca, pero eso no se va a lograr sólo con la llegada de nuevas inversiones, sino con el encadenamiento productivo, el empuje a la productividad y la generación de conocimiento en la economía.

Es importante que se genere riqueza, pero más es que se reparta. El primer gran intento reformista reventó por las tensiones internas que generó hacia dentro del priísmo pero también por el carácter excluyente que lo distinguió. Un puñado de mega ricos y un desierto de pobres. Una elite beneficiada y una gran masa dejada atrás.

Es importante que se incremente el ingreso fiscal del gobierno, pero que se aplique con honestidad. La reforma fiscal era impostergable. Falta más, particularmente para tocar el amplio universo de la informalidad. Los ingresos no petroleros crecieron un 8.7% real anual. Pero improta no sólo tener más dinero, sino aplicarlo bien. El gran reto pendiente de Peña Nieto es honrar su compromiso anti corrupción.

Con todo, es innegable que las reformas generan un momento de fortaleza para el país. Era necesario cambiar. Había que reformar.

México había llegado tarde a sus citas con la historia. Hoy hay la oportunidad de acercarse a un mejor futuro y de conectarse de manera decidida a lo mejor de la economía mundial.

El gran mensaje del reformismo priísta es que la política importa y sirve. Tras doce años de incapacidad panista para hacer que los cambios sucedieran, finalmente se recupera el sentido mejor de la negociación política.

Los ingredientes, todos, están listos. Pero tener los ingredientes no significa tener un guiso.

Falta unir todas las reformas de manera coherente y garantizar su efecto hondo y prolongado. Falta realizar las reformas pendientes, particularmente las que modernicen la función pública, abatan la corrupción y pongan al derecho como eje gravitatorio de la vida nacional.

No son menores. La política hundió el proyecto reformista de Carlos Salinas. El creyó que el TLC era su bala de plata. La lacandona, lomas taurinas, la plaza de la República, lo desmintieron. Prevalecieron las de plomo.

@fvazquezrig

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