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Noviembre 3, 2014

CALLEJÓN SIN SALIDA

Por Fernando Vázquez Rigada

 

El gobierno federal está atrapado en una crisis que él mismo generó. No fue su responsabilidad el secuestro y posible ejecución de estudiantes. Tampoco la descomposición de Iguala. Menos, la incompetencia de Ángel Aguirre.

Su pecado fue la negligencia. Rápido de reflejos, el gabinete no reaccionó esta vez, rápidamente. Fue un error fatal.

De haber actuado de inmediato con toda la fuerza del estado, quizá se hubiera podido rescatar a algunos o a todos los estudiantes. Se hubiera podido retener y luego detener al alcalde Abarca, a su esposa, a su secretario de seguridad, a la mayoría de los policías involucrados. Se hubiera podido establecer el grado de descomposición y forzar la separación oportuna del gobernador.

La crisis se hubiera contenido.

Pero no.

El gobierno estaba embelesado con su triunfo reformista y no aceptó que nadie le estropeara la fiesta. El presidente hablaba de un país en movimiento y audaz. Los medios internacionales alababan el mexican moment. Fue a la ONU como super star. En ese ambiente festivo, desdeñó lo que ocurría y pretendió hacer de una tragedia humana mayúscula un tema local.

“Que lo arregle quien lo desarregló”, fue la consigna. Pero Aguirre no tenía la autoridad para hacerlo. Ni moral, ni política. Tampoco el interés de hacerlo.

Por eso, cuando el gobierno federal entró ya no había salida. El problema ya no era de Guerrero: era de México. El costo no era para Aguirre: era para Peña.

De manera asombrosa, el gobierno se pasmó. Tardó once días en entrar. 26 en dar una explicación oficial que sólo corroboró lo que los medios habían publicado desde el cuarto día. Peor: su relatoría de los hechos confirmó que los vínculos criminales de la familia política del alcalde se conocían desde (al menos) el año 2009, exhibiendo la absoluta incompetencia del Estado mexicano para prevenir nada.

Tardó 27 días en torcer el brazo a un gobernador soberbio, incompetente y sucio para separarse del cargo.

Y hoy no hay resultados concretos. No hay razón de los jóvenes. Los presuntos responsables están prófugos.

Las calles hierven. El descontento social es mayúsculo.

Tendrá que haber una reingeniería. Un golpe de audacia. Un replanteamiento no sólo del gobierno sino del proyecto de país.

La única salida a este callejón es entender que cuando el descontento desborda y las demandas de cambio real son tantas, la única forma de gobernar es encabezando, precisamente, ese cambio. O resignarse a ser arrollado.

@fvazquezrig

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