EL CIRCO
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LOS CORRUPTOS
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REACOMODO O CAMBIO

Fernando Vázquez Rigada

 

No

se culpe

a nadie

de

mi

vida

 

El poeminímo de Efraín Huerta es un  traje a la medida para el Presidente Enrique Peña Nieto. En política, se delega la operación, jamás la responsabilidad. Dos semanas, dos. Tarde, pero al menos una suerte de sacudida llega. El presidente toma decisiones para emprender el final de su mandato.  Anuncia reacomodos. ¿Serán cambios? Lo sabremos el día primero: en su 3er informe.

Los reacomodos implican ajustes de un hombre en un modelo. Cambio implica una transformación del modelo.

Anuncio sin acción es sólo comunicación. Faltan políticas públicas.

Los cambios anunciados a lo largo de la última quincena no son menores. Igual que desechó a Alfredo del Mazo Jr. en su sucesión en Edomex; que dobló a Beltrones en la interna priista; que despide a Elba Esther Gordillo en plena campaña, Peña vuelve al pragmatismo. Importan los resultados: no la forma de llegar a ellos.

El presidente rompe, para usar el término de Milton Friedmann, con el triángulo de hierro que aprisionaba su presidencia.  Peña fue capaz de demostrar en sus primeros cien días de gobierno que no llegaba a administrar sino a transformar. Hoy debe repetir la receta, desde un flanco mucho más doloroso. Dentro de casa

Peña debe salvar su legado positivo. Hacerlo implica dejar atrás sus afectos. Tuvo reformas. Operación política. Éxito en la conformación de mayorías. Rompió el mito de que no era posible hacer cambios de fondo en gobiernos divididos. Suena banal. No lo es: Desde 1996, el país no lo logró. Y dos décadas, en un mundo de vértigo, es una eternidad.

Pero ese, el gran legado de Peña, oscureció y casi desvanece ante sus flancos débiles. Llega también a la mitad de su sexenio con la aprobación más baja de cualquier presidente mexicano con registro. Acosado por las redes. Señalado por conflictos de intereses. Corrupción como nunca en la historia reciente del país. Debilidad institucional. Más pobreza. Crecimiento anémico. Pasmo político.

El presidente enfrenta esta realidad abriéndose a nuevas opciones. La primera fue la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del PRI. Le siguió la nominación de Miguel Basañez como representante en Washington, en un momento muy peculiar de esa, la relación bilateral más importante. Nombró a un hábil operador al frente de su bancada en la Cámara Baja y tejió una mayoría absoluta dentro de ella.

Hay dos grandes novedades en los cambios que anuncia. El primero son los cambios mismos. Presidente poco afecto a ellos, enfrenta la crisis y trata de resolverla. El mandatario de los no cambios hace 10 en su gabinete (legal y ampliado) y 12 si se toman en cuenta los ejes de operación política en su partido y en el congreso.

La otra gran novedad es la promoción de un peso completo en un área toral del gabinete: la Secretaría de Desarrollo Social. José Meade ha sido cuatro veces secretario de Estado. Un récord en la historia política de México. La relevancia de su experiencia y empaque intelectual no reside solo en el número de carteras, sino en su trascendencia: Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores, y Desarrollo Social.

Cerca están Jorge de la Vega Domínguez y Pedro Ojeda Paullada, pero pasando, ambos por la presidencia del PRI y no por la titularidad de Secretarías. De la Vega fue Gobernador, Presidente del PRI y secretario de Comercio y Agricultura. Ojeda, titular de la PGR, del Trabajo, Pesca e, intermedio, presidente del PRI. Ninguna de esas dependencias, salvo la PGR de Ojeda, se aproximan a la importancia de los encargos de Meade.

Además, el ahora Secretario ha logrado algo único: mantener ese nivel de integridad, confianza, eficiencia e influencia en dos administraciones de partidos distintos. Eso demuestra un fino olfato y una capacidad política sobresaliente. No es un equilibrista de extremos: es un imán. Será el más influyente secretario en esa cartera desde Luis Donaldo Colosio.

El presidente está ante la oportunidad de demostrar a la nación si lo que ha hecho son reacomodos o un proceso de cambio

Los reacomodos abren la cancha y oxigenan. Son condición necesaria pero no suficiente para salvar la administración. Faltan acciones. Concretas. Claras. Serias. Castigar los conflictos de interés. Encarcelar la corrupción. Hacer realidad las reformas internas, que no se desvirtúan por factores externos. Promover la equidad. Despedir la frivolidad.

Cambiar, duele.

Morir, más.

@fvazquezr

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