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LA TIERRA QUE PERDIÓ SUS LÍDERES

Fernando Vázquez Rigada.

 

Una nación sin líderes es una nave al garete. Sin rumbo. Condenada al capricho de las mareas, los vientos, los imponderables.

Veracruz perdió a sus líderes. Una entidad que se distinguió por ser poseedora de una clase política excepcional, hoy es objeto de burla. De escarnio. De señalamientos.

Veracruz es motivo de alarma nacional y de vergüenza general.

Este estado dió a la República dos presidentes de la República en la época posrevolucionaria. Miguel Alemán, quien concibió la primera ola de industrialización. Político excepcional. Dueño de un carisma inmenso. Amo de la operación política de todos los niveles.

El otro fue Adolfo Ruiz Cortines, posiblemente el político más astuto de la historia. Creador de reglas no escritas que estuvieron vigentes por medio siglo. Amo de la intriga. Un político por los cuatro costados que, con todo, poseía una cualidad superior a todas las enunciadas: la honestidad a toda prueba.

Dos políticos veracruzanos dominaron el acontecer nacional por décadas. Uno era el monarca del reino de las ideas. El otro, del de las catacumbas. Jesús Reyes Heroles fue el artífice de la primera gran reforma aperturista de la era priista, en 1977. Fue director de PEMEX, líder nacional del PRI, Secretario de Gobernación y Secretario de Educación Pública. Dada su trayectoria, su empaque intelectual pero también su integridad, Enrique Krauze lo definió como Presidente Moral de los Mexicanos. El otro puntal del sistema fue Fernando Gutiérrez Barrios. Forjó su reinado desde la oscuridad, la secrecía y  el poder de la información. Gutiérrez Barrios lo sabía todo de todos. Fue el creador de los sistemas de seguridad del Estado.

El peso específico de la clase política veracruzana puede sintetizarse en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Veracruzanos eran el Secretario de Gobernación, el de SEDUE, el Procurador General de la República y el Secretario de Marina. Veracruzanos eran, también, el Secretario General de Gobierno del Distrito Federal, el líder Nacional de la CNC y una Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los gobernadores de Veracruz eran protagonistas centrales de la política nacional. Respetados por su trayectoria, conocimientos y por dirigir uno de los estados líderes del país. Fernando López Arias fue Procurador General de la República, cercanísimo a Adolfo López Mateos, a quien se vinculó siendo ambos senadores. Rafael Hernández Ochoa había sido subsecretario de gobernación, presidente de la Cámara de Diputados y Secretario del Trabajo. Patricio Chirinos gozaba de derecho de picaporte en Los Pinos. Miguel Alemán fue el último gobernador presidenciable.

Y, de pronto, el estado perdió a sus políticos. Aquella clase política está en vías de extinción y ha sido suplida por otra, Pequeña en número y estatura, de pasmosa incultura, de frívola inexperiencia. De incompetencia casi morbosa. Y no es lo peor. Lo peor es su voracidad y amoralidad.

¿Qué ocurrió?

El priismo ha sido, siempre, una red de intereses y un sistema de formación de cuadros. Tras Alemán, la administración pública desapareció. Se despedazaron las instituciones. El orden fue suplantado por el caos. Se promovió la deslealtad como método de control y el dinero como fórmula de gobernación.

La política pública desapareció bajo el peso del populismo.

Bajo este sistema se promovió la llegada de una nueva generación de políticos, que no fueron formados: fueron deformados.

Su herencia fue quedarse con todos los defectos y ninguna de las virtudes de su mentor. El principal defecto, insisto, es su voracidad y su arrogancia.

Ello explica porqué de haber tenido ese legado de gran lustre hoy la clase política veracruzana es vista con desprecio y con lástima.Que exista la convicción de que tener ocurrencias es producir ideas, o que las gracejadas son más importantes que las políticas públicas.

La envestidura tiene una dignidad que es lo que genera autoridad, no al revés.

Erich Fromm ha recordado que los hombres deben aprender a nacer muchas veces. También los sistemas, agrego. Por ello, Veracruz requiere fomentar un renacimiento: económico, social, político, pero, sobre todo, moral.

El proceso de expropiación del poder público por un puñado provocó que una generación completa de políticos fueran hechos a un lado. Pero ahí están. Hay, sobre todo en el Senado, talento, coraje y sensibilidad.

Veracruz requiere recurrir a la vieja propuesta de Daniel Cosío Villegas para resurgir. Reformular sus principios y renovar a sus hombres.

No hay otro camino. El estado requiere un pacto refundacional que tenga como base una nueva ética pública, la recuperación del estado de derecho y la renovación de hombres que pueden encontrarse en abundancia en la sociedad civil.

U ocurre esto, o estaremos condenados a padecer un subdesarrollo de, al menos, un siglo.

Urge recuperar a los líderes y urge, sobre todo, recuperar la dignidad.

 

@fvazquezrig

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2 Comments

  1. Coincido, uno a uno, en que un venero para buscar a los próximos políticos debe ser la Sociedad Civil: éticos, de cara a la población abierta, transparentes, con carisma y actuación rigurosa pero relajada. La honradez y el espíritu de servicio se ponderan como sus atributos.

    A don Fernando (Gutiérrez Barrios), había que dispensarle entre “respetillo” y “miedillo” decía un amigo del personaje. Su retrato, recibiendo individualmente a sus ‘amigos’ en su oficina, con un folder y los datos del personaje y su entorno: biografía, desempeño (administrativo y político), enfermedades, gustos, aversiones y un enorme etcétera. Reflejo de un México de controles absolutos que quedaron por suerte, en el México del siglo pasado.

    De Jesús Reyes Heroles lo más estimado sin duda, en mi modesto entender: SU VISIÓN DE ESTADO.

    Hoy solo las sombras quedan.

  2. Que no te lean El tío fidelinea, ni el Bachiller y el de las turquezas, porque te tildaran de traidor ya que tú eras uno de sus excelsos asesores, de los caros y oportunistas. Haces una descripción excelsa de la decena trágica de este noble y alegre Veracruz, ya que la viviste intensamente y todavía te adornabas con triunfos que no eran tuyos.

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