BREXIT
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LA ERA DEL DESENCANTO
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PAÍS EN LLAMAS

 

Por Fernando Vázquez Rigada

 

La agresión física perpetrada en Veracruz contra Ricardo Anaya, Miguel Ángel Yunes y Santiago Creel revela que el país ha entrado en una espiral de descomposición política, económica y social que puede terminar de la peor manera.

Los hechos, absurdos y condenables, hablan de un país sin timón. Nave sin rumbo. Sociedad consumida por el capricho y la arrogancia de los poderes locales. Cuando la federación se bate en retirada, aparecen los extremos a apoderarse de la tierra quemada: lo mismo la CNTE que los 400 pueblos, que el EPR o los obispos incitando a la desobediencia.

Los virreyes más lamentables, creados al amparo de la feudalización del territorio producto de la primera alternancia del 2000, despliegan su soberbia y su esquizofrenia: si la ley no permite mis excesos, modifíquese. Si me alejé de la legalidad, refórmese la legalidad. Tristemente, la sumisión y cobardía de los congresos, de los tribunales, de los organismos autónomos, permiten que el destino de millones se sojuzgue y se pervierta la democracia.

Eso condujo al agravio mayúsculo de la agresión a los panistas el miércoles afuera del congreso de Veracruz. El país, no ese estado, estuvo al borde del precipicio. Si la agresión se consuma en contra de un gobernador electo, de un ex secretario de gobernación o del líder nacional de un partido, lo que sigue es el capítulo conocido pero olvidado de la confrontación física entre mexicanos. La irrupción del México bronco de Jesús Reyes Heroles.

En medio está una economía frágil y desbieleda. La turbulencia económica, el alza de tasas de interés, los recortes presupuestales, los ajustes a la baja de los pronósticos de crecimiento, la devaluación del peso, todo habla de un deterioro que golpea de frente a más de 80 millones de mexicanos que ya viven en vulnerabilidad.

En el colmo, los gobernadores ahora se atribuyen la facultad de dilapidar los bienes públicos y regalarlos. Al tratar de comprometer al nuevo poder electo, condenan el futuro de millones de mexicanos por décadas. Esta suerte de neo patrimonialismo habla del grave retroceso que se vive en la República, que más bien deja de serlo para convertirse en una monarquía con 32 principados.

El desplome del bienestar social es mayúsculo, no solo por su dimensión injusta y preocupante, sino por un nuevo tipo de desigualdad: la que lastima por su cinismo. La nueva casta de gobernadores y sus empleados, de funcionarios federales de medio pelo, de empresarios surgidos de la nada, de millonarios ilegales, ostentan su riqueza malhabida al grado de la sevicia. La convivencia mexicana se corroe ante una realidad dual lastimosa: hospitales sin medicinas, escuelas sin techo, tiendas populares sin abasto, contra helicópteros, convoys, residencias y la evidencia que habla de una red de ilegalidad que llega, efectivamente, hasta la CNTE o los 400 pueblos.

Todo esto ocurre por dos fenómenos. La incompetencia y la impunidad.

Como nunca antes, brotan en todo el país, como hongos, los signos de descomposición. Oaxaca es tierra de nadie desde hace años. Tuvo que haber una tragedia para que el encargado de la gobernabilidad en el país interviniera. En Veracruz se estuvo a centímetros, literal, de provocar una tragedia nacional y no ha ocurrido nada. El ex dirigente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, hizo la más dura crítica al gobierno de su partido desde la época de Carlos Madrazo y no ocurrió nada.  Guerrero está sin control. Veracruz y Quintana Roo colapsan en la ocurrencia y el agravio. Chiapas y Nuevo León atenazadas por el magisterio militante. Chihuahua se incendia. En Tamaulipas reina el crimen.

La ausencia de eficiencia federal es cada día más patente y lamentable. Los gobernadores están sueltos. El país se fracciona en 32 obsesiones y nadie hace nada por detenerlo. El Senado está ausente de esta descomposición, perdido en discusiones para tomar venganza contra el sector privado que demanda frenar la corrupción.

Y la otra vertiente es la impunidad. El vacío se vuelve agravio ante la certeza de que los responsables no tendrán consecuencias. Aquí se puede hacer cualquier cosa con la certeza de que no va a ocurrir nada.

Lo que ocurre es consternante. A un territorio colapsado, violentado, la autoridad no manda brigadas preventivas. Programas sociales. Inversiones públicas.

No manda negociadores, ni policías, ni fuerzas armadas.

Manda médicos legistas a que realicen autopsias impecables.

 

@fvazquezrig

 

 

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