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PESADILLA

Por Fernando Vázquez Rigada.

 

La pesadilla cobra vida. Despertamos, y seguía ahí. Ya no en un rincón de nuestros miedos: en una realidad, cruda, alarmante.

Inminente, quizá. Evitable, tal vez.

Trump puede ganar.

Lo advertido hace meses, hoy se vuelve númericamente latente. Ya no posible: probable.

Trump está a solo dos puntos de Hillary Clinton, según la más reciente encuesta de The New York Times/CBS. La encuesta arroja tres lecciones importantes.

La primera es que la tendencia de crecimiento de Trump lo impone como una amenaza real al partido demócrata. Segunda, que los efectos de su candidatura serán permanentes, independientemente de si gana o no. Y, tercera, que el nivel de campaña en Estados Unidos sufre un proceso de erosión que amenaza con socavar los cimientos de la democracia más importante del mundo.

Primero: el triunfo del multimillonario ha entrado en el escenario de lo probable. No solo está a dos puntos a nivel nacional (46 vs 44). En los estados clave (los llamados territorios de batalla) que son los que cambian elección tras elección, la ventaja de Clinton se achata. De los 6 más importantes, Clinton ha sido rebasada en 3, incluido Florida.

Es posible que el republicano goce de una burbuja de popularidad por el fin de semana maldito que tuvo Clinton tras un desvanecimiento triple: retórico, al agredir a seguidores de Trump; físico, al contraer neumonía y negarlo y, finalmente, electoral, al perder fuelle en la contienda. Todas las campañas enfrentan errores: el secreto es superarlos. El equipo de estrategas de Trump ha sido muy hábil en aprovechar la cadena de yerros de la ex secretaria de estado. Al final, nadie gana una campaña, alguien pierde. Hillary, en este momento, está perdiendo debido a sus errores.

Pese a la coyuntura, lo cierto es que los datos indican que la penetración del discurso de odio de Trump no será coyuntural. Se mantine firme en las encuestas porque le apoya el 85% de votantes republicanos. La versión de que no tiene apoyo en las bases republicanas es un mito. Además, 51% de los votantes blancos le apoya. De ellos, entre los hombres blancos, Trump aplasta a Clinton 57 puntos contra 33.

Gane o no, ese electorado blanco, que está resentido, amargado, violentado, no se irá. El legado de Trump será haber polarizado a Estados Unidos y no sabemos los efectos de mediano y largo plazo que pueda tener.

Por último, los norteamericanos se enfrentan a un dilema terrible. Elegir por el mal menor. Casi 7 de cada 10 norteamericanos ven en Trump un riesgo. Aún así, votan por él porque garantiza cambio. Hillary, por su parte, genera certeza de riesgo en 51 de cada 100, pero una inmensa mayoría concede que no garantiza ningún cambio. Si gana, no será por arrastre, sino por descarte.

La gente votará, acaso, con resignación.

Este estado de ánimo explica porqué el discurso lleno de falsedades del candidato republicano ha penetrado en el electorado. Los fundamentos de la democracia más influyente del mundo se quiebran bajo el odio, las simplificaciones, las medias verdades o la abierta calumnia que se esparce en redes sociales.

La victoria de Hillary depende de que enderece el rumbo de su campaña, de que genere un nuevo momentum, y de que electorado salga a votar.

A ella le apoyan las mujeres y las minorías, pero son quienes más se abstienen, pese a que son quienes más tienen que perder.

Mientras Clinton se rehace, Trump pasa a la ofensiva. Marca agenda. Cierra en estados clave. Crece.

Revive.

La pesadilla regresa. Y la peor, no olvidarlo, no es la recurrente. Ni la que nos ataca con nuevos brios.

Es la que se convierte en realidad.

 

@fvazquezrig

 

 

 

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