LUTO
octubre 4, 2013
EL FACTOR CREEL
octubre 4, 2013

LA INDIGNACION

05/09/2011

La erupción de diversos movimientos de protesta contra el funcionamiento de la democracia en todo el mundo, habla del agotamiento de un sistema mundial que emergió tras la caída del muro de Berlín. La idea de que la vida en sociedad sería regida por una dualidad libre mercado/democracia se agotó. Simple y sencillamente, el libre mercado no permitió generar igualdad: sólo generó crecimiento, pero este fue altamente excluyente. Hizo algo más: generó inmensas redes de poder económico globales que terminaron por engullir al Estado y este,  por atrofiar a la democracia.

Es de llamar la atención que los nuevos movimientos sociales se estén dando a través de acuerdos transversales entre ciudadanos genuinamente libres, que están dispuestos a luchar por el ensanchamiento de esa libertad. Los liderazgos son urbanos, conectados a través de redes de comunicación digitales, con una agenda que se enriquece de un diálogo permanente en tiempo real. Más importante, los nuevos líderes son jóvenes, incapaces de tolerar que la representación política esté condicionada a los intereses creados.

Hay, entonces, un genuino malestar en la democracia. El ciudadano común tiene la percepción, correcta, de que las instituciones no funcionan, que en los Congresos no se resuelven  los temas importantes, que los poderes ejecutivos están acotados, que los jueces no imparten justicia. Los jóvenes ciudadanos comienzan a demandar una depuración de la democracia allende sus componentes más elementales.

Ya la agenda no solo se enfoca a los instrumentos electorales, sino que se amplía a garantizar el derecho a la información y el acceso a los medios de comunicación, a controlar a los conglomerados empresariales a través de asociaciones de consumidores éticos, a pugnar por procesos de descentralización, a plantear que la transparencia se profundice y se haga extensiva a los sindicatos, partidos políticos y todo aquel beneficiario de recursos públicos.

Las figuras emblemáticas de esos movimientos, como Camila Vallejo en Chile o los Indignados en España, son los jóvenes que se saben excluidos de la posibilidad de progreso, que no encuentran educación de calidad y que saben que el sistema les impedirá la igualdad de oportunidades que garantiza la movilidad social.

En México hay 8 millones de jóvenes en situación de exclusión. Varios millones más han debido irse del país, nutriendo el México migrante. Otros miles han sido cooptados por el hampa. Un país que se realiza una lobotomía como lo hace México es un país sin viabilidad. Hemos castrado la posibilidad de expresión institucional de los jóvenes. Les hemos prohibido la creatividad. Les regateamos el empleo y el salario al que tienen derecho. Desde el Estado, de manera absurda, se ha debilitado a la educación superior y se regatea  la inversión en investigación y tecnología.

En un país que enfrentará nuevamente la penuria económica. Que se ahoga en su propia sangre. Que no posee una agenda de nación, ¿cuánto falta para que nos veamos desafiados como en Chile, España, el mundo árabe? Lo sorprendente no será que estos brotes surjan con fuerza inusitada, sino que no hayan surgido antes. Motivos sobran para la indignación.

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