COAHUILA: LO QUE HAY QUE VER
junio 10, 2026

TMEC

Fernando Vázquez Rigada

 

La era del libre comercio llegó a su fin. Al menos para Norteamérica y mientras prevalezca la actual visión republicana.

Los aranceles llegaron para quedarse. Ese es el requiem a la idea de una vasta zona de libre intercambio comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

La fecha para cerrar un acuerdo es julio. Hay sobre la mesa tres opciones. Extender el tratado por 16 años. Denunciarlo y salirse de él. No llegar a acuerdo y estar negociando año con año, hasta por una década.

Pienso que no sucederán los dos primeros escenarios.

A Estados Unidos le conviene, bajo la óptica del actual gobierno, mantener la presión permanente hacia sus socios, pero no romper.

México es el primer país exportador hacia Estados Unidos: este año lleva, acumulado a abril, casi 189 mil millones de dólares, que implica el 16.9% de lo que Estados Unidos importa. Pero al mismo tiempo, México es el principal mercado de exportación de Estados Unidos: nos vendieron casi 129 mil millones de dólares: poco más del 15.5% del total de sus exportaciones.

Esas cifras implican un volumen muy grande de transacciones como para eliminarlas de un plumazo.

Pese a la retórica, nos necesitamos. Estamos integrados en varios sectores. Podríamos y deberíamos tener más, pero así estamos.

Bajo las cifras, hay una dimensión política, en ambos lados de la frontera.

De los 10 estados cuyo principal mercado de exportación es México, 5 son republicanos: Texas, Tennessee, Ohio, Georgia y Florida. Cancelar el tratado y golpear sus economías a meses de la elección intermedia no parece sensato. Georgia es, además, un estado columpio: uno que no tiene tendencia partidista clara y que, por tanto, es epicentro de esfuerzos electorales de ambos partidos en elecciones presidenciales por los 16 votos electorales que representa.

Bajo el estilo de negociación del presidente Trump. Es más lógico tenernos sentados todo el tiempo bajo presiones diversas, extrayéndonos, año con año, concesiones para sus públicos objetivo.

En México, la complicación de tener revisiones anuales tiene efectos múltiples.

La revisión anual traerá incertidumbre a las inversiones. Los mercados han descontado ya una posible, aunque improbable terminación del tratado. Las inversiones, no. Por eso la llegada de nuevas instalaciones es bajísima. Llega, sí, inversión internacional. Pero llega a empresas ya instaladas y a sectores que están conectados a la exportación: vehículos, equipo de cómputo, transportes, almacenamiento y electrónicos. Nuevas inversiones, el año pasado, sólo fue un magro 7.2%.

Eso presionará a la baja el crecimiento y la consecuente generación de empleo formal.

Además, la presión seguirá asfixiándonos para aumentar el porcentaje de componentes provenientes de EU en nuestras exportaciones.

Pero, bajo esta trituradora está el tema de la protección política al narco, el flujo de fentanilo por tierra, la migración y la operación electoral de los consulados.

Estamos lejos de tener una actitud proactiva y ganadora como en 1993. Más bien estamos enconchados, recibiendo los golpes menos dañinos posibles.

Ni hablar. Es lo que hay. Y más vale tener una reflexión estratégica serena y obtener lo que se pueda.

Más vale un mal arreglo que un buen pleito que nos convertiría, de un plumazo, en una economía en bancarrota.

 

@fvazquezrig

 

Comentarios

comentarios

Comments are closed.