Fernando Vázquez Rigada
Estamos viviendo un mundo en transición. Hay fuerzas globales que están dislocando el orden mundial como lo conocimos.
La revolución tecnológica, que se acelera con la irrupción de la inteligencia artificial, está trastocando todo: la forma como producimos, como convivimos, como nos comunicamos. Influye, incluso, en la forma como nos gobernamos.
Elon Musk hizo a The Economist una advertencia inquietante: en 5 años, la IA concentrará todo el conocimiento humano y en 10, lo superará.
La globalización, que comenzó con el llamado consenso de Washington en 1989, está siendo desmantelada. Las 10 políticas que lo sustentaban están siendo tiradas a la basura progresivamente por un mayor número de países.
La institucionalidad global está colapsando. No es sólo que Estados Unidos se esté retirando de muchos de los amortiguadores globales que creó, sino que no hay países que los defiendan. De la Organización Mundial de la Salud a la OTAN y de las ONG a la ONU, el planeta se está quedando sin espacios para el consenso y la cooperación multilateral.
Los países se cierran, y bellos experimentos como la Unión Europea parecen irse al rincón de las quimeras.
Por último, el orden liberal parece estar en retirada. Ésta, decía Von Clausewitz, es la maniobra militar más compleja. En lo que estamos, parece, más bien, una desbandada.
Los autoritarismos emergen por todos lados.
Como la gobernabilidad se está dislocando, las crisis humanitarias —impulsadas por guerras, crisis climáticas, persecuciones ideológicas— se destapan por el orbe.
Estamos presenciando el fin de un ciclo y no sabemos con claridad qué le sustituirá.
George Friedman, experto en análisis prospectivo, anticipó a principios de la década, que Estados Unidos viviría un fin de ciclo que es normal en su existencia política. La gran tormenta terminará entre el 2028 y el 2032.
Es posible, y deseable que así sea. Estados Unidos ha sido un gran estabilizador global en al menos un siglo. China será el otro gran jugador mundial.
Lo cierto es que el mundo de antes no volverá.
Deberemos concebir una nueva forma de gobernarnos, de insertarnos en el mundo que emergerá y de montarnos con los menores costos sociales posibles, en el tsunami tecnológico.
Esto demandará el surgimiento de una nueva clase política, empresarial y de un nuevo pacto social.
Si logramos sortear el cambio de ciclo sin una guerra mundial, deberemos imaginar una forma diferente de gobernanza global.
Todo ello será imposible sin el surgimiento de una nueva sociedad.
¿Te estás preparando para formar a los ciudadanos del futuro?
Es ya.
@fvazquezrig