Fernando Vázquez Rigada
El freno económico nacional y el grave dilema de desarrollo que enfrentamos no se puede entender sin hacer una lectura cuidadosa de la política de Estados Unidos.
La prioridad de nuestro principal socio comercial y de la mayor economía mundial se resume en dos palabras: seguridad nacional.
Los documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos delinean la llamada doctrina Monroe. América para los americanos (estadounidenses, obvio)
Pero su núcleo es la seguridad nacional. La economía, el comercio, las inversiones, la migración, el narcotráfico, el huachicol, todo —absolutamente todo— se une en una gran amalgama que privilegia el interés del gran vecino del norte.
La resolución sobre el TMEC debe leerse bajo esta lupa. Primero, pese a lo que se diga, fue un recorte. Pasa de 16 a 10 años, por lo pronto. No es una catástrofe, pero tampoco un aliciente.
La revisión anual implica negociaciones asimétricas. Habrá sectores —microcomponentes, cómputo, máquinas para el procesamiento de datos y todo aquello que se conecte al desarrollo de inteligencia artificial—, además de parte del sector primario, que, por interés de Estados Unidos, mantengan por un tiempo competitividad. Otros, como el automotriz, acero, aluminio, y quizá la aeroespacial, recibirán impactos de diversas magnitudes.
La revisión anual no favorece a las inversiones. Cierto: México volvió al top 10 de los imanes de inversión internacional, pero sólo el 7% corresponde a nuevas instalaciones. La otra cara de la moneda es la salida de Toyota de México en su rama de producción de la camioneta Tacoma, que representa el 88% de la producción de esa empresa en México.
Pero si el gobierno mexicano sigue sin entender que la economía es sólo un eslabón de la seguridad nacional para la administración Trump, las penurias continuarán.
No entregar a Rocha es seguridad nacional. Hacerse de la vista gorda con el huachicol es seguridad nacional. El discurso con visos socialistas es seguridad nacional. Y todo puede desembocar en la economía en este vasto poliedro.
No ayuda, tampoco, lo interno.
La reforma judicial, la devastación institucional, el abuso legislativo, un gabinete de medio pelo, el subejercicio presupuestal (417 mil millones de pesos) la falta de energía y agua. Todo repercute en una economía que avanza a pasos cada vez más cortos y penosos.
La inflación que no cede: la subyacente, que excluye la volatilidad de ciertos precios, fue de 4.1%
La gente resiente en sus bolsillos y en sus mesas la desgracia económica que implica no crecer. La economía lleva, desde el fatídico 2018, ocho años creciendo en promedio menos que la población. De ahí que el PIB per cápita haya retrocedido consistentemente y se ubique en niveles 2016.
Por eso la caída en aprobación e intención de voto de Morena. Por eso la operación maquillaje cada vez más burda de cifras que no convencen a nadie, más que a los cautivos de la 4T.
Si se observan bien las cifras, se verá que se extiende un fenómeno letal para el oficialismo.
Tiene un nombre preciso.
Desencanto.
@fvazquezrig