INGOBERNABILIDAD
octubre 12, 2026

SOCIEDADES DISLOCADAS

La sociedad está en un momento de transición. Se expande por el globo y está relacionada con un tema de identidad, otro de pertenencia y uno más de frustración.

Los acontecimientos violentos del fin de semana europeo muestran el rostro más violento, que no el único, del malestar universal.

El globo está siendo recorrido por una crisis de identidad. Las personas, migrantes o no, no encuentran un sentido de pertenencia. Perciben desprecio y humillación. No es solo una cuestión económica, es un tema de respeto a la dignidad. La política no solo ha sido incapaz de darles inclusión: ha hecho lo contrario.

Los liderazgos populistas han erosionado el centro político: justo el único espacio capaz de cohesionar la diversidad en torno a un proyecto colectivo y que permite dar un espacio de reconocimiento a cada grupo. De esa polarización surgen Chávez, el Brexit, Trump, López Obrador o el retorno de los neofascistas en Italia o los neonazis en Alemania.

Como resultado, las personas no logran anclar su presencia física a un sentimiento de pertenencia. Las sociedades ya no incluyen, como lo hizo, por ejemplo, Estados Unidos a lo largo de su historia. Los liderazgos excluyentes han convertido el territorio en barrios o grandes extensiones insulares. Cierto; pero la moneda tiene también otro lado: hay vastas comunidades —— árabes y africanos en Europa o grandes porciones de latinoamericanos en Estados Unidos— que tampoco intentan asumir los valores de las sociedades receptoras.

Envuelta en este sentimiento de exclusión está la certeza de desigualdad. Las zonas de vecindad son, ahora, más bien zonas de ofensa.

Hay contrastes sociales verdaderamente dramáticos. Hay bardas enormes, barrancas que dividen un mundo de opulencia de otros de carencia e incluso de miseria.

Este complejo mundo se ha configurado por la imposibilidad de generar una igualdad amplia. La crisis financiera de 2008, la acumulación de beneficios en manos de un grupo de ultraricos, la falta de crecimiento por políticas deficientes en los países en desarrollo, la llegada de populismos, el regreso de movimientos nacionalistas, del proteccionismo, el fin del mundo unipolar y el estallido de conflictos armados: todo ello ha generado un cocktail que hoy explota.

El malestar global se ha exacerbado por lo mencionado anteriormente, pero también por un deterioro creciente, particularmente en los servicios públicos de la seguridad social y la educación pública.

Debemos volver al centro político. Instituir un espacio más generoso de convivencia para dar respeto a los desiguales.

Se debe reducir la desigualdad sin desquiciar el crecimiento y el desarrollo tecnológico.

Los retos son enormes. Las tensiones grandes.

El tiempo apremia.

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