Fernando Vázquez Rigada
Los más radicales (y optimistas) estrategas morenistas tienen la tesis de que el gobierno mexicano debe aguantar, radicalizándose, 4 meses la embestida desde Estados Unidos.
Apuestan a una fecha precisa: 3 de noviembre. El día de las elecciones intermedias.
Igual que las altas esferas de la dictadura cubana, creen que, primero, vendrá una catástrofe para el presidente Trump y, segundo, eso lo obligará a aflojar la presión y a batirse en retirada.
Creo que están en un error.
Primero, todas las encuestas, modelos electorales y mercados de apuestas, predicen, en efecto, que los republicanos perderán su débil mayoría en la Cámara de Representantes. El consenso es casi unánime. Ronda el 80% de probabilidad. El Senado, sin embargo, luce muy competido. El Partido Republicano podría retenerlo, y eso equilibraría el panorama.
Cierto: la Cámara controla los juicios políticos (impeachment) y eso puede presionar la gestión del ejecutivo. Aún así, Trump tendrá cartas que jugar.
Pero, segundo, el presidente no tiene opciones de reelegirse. Está enfocado, por tanto, en su legado.
Y su legado es clarísimo: limpiar a Latinoamérica de gobiernos de izquierda, expulsar a China del continente y controlar para Estados Unidos las materias primas y sostenes estratégicos de su economía.
Con o sin pérdida electoral, Trump no cambiará de rumbo: apretará el paso. Lo hará porque su baza será la política exterior y, más importante, porque destruir a la izquierda en el continente será su sello en la historia.
Faltan en su lista tres regímenes para completar su tarea. Brasil, Cuba y México.
En Brasil, la elección de octubre se aprieta. El régimen cubano morirá de asfixia. El mexicano, de corrupción y complicidad con criminales.
No hay que soslayar la declaración del llamado Escudo de las Américas, integrado por 16 países latinoamericanos, de esta semana: no permitirán que se revierta el triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia. Lo que se gana en las urnas, tanto en Colombia como en Perú, se hará respetar, así sea por la fuerza.
Trump tratará de influenciar el voto internamente con más triunfos antes de las intermedias. Brasil y México son grandes rebanadas de pastel. Cuba es un símbolo.
Si no acaba la tarea antes de noviembre, no importa. Le quedan dos años de gobierno.
El morenismo debería entender la lógica política de la estrategia trumpista. No hacerlo, como no lo han hecho y no lo harán, es —casi— suicida.
Estados Unidos no está inventando nada sobre las ligas de Morena con el narco. La pus pulula por todas partes. Sólo expondrán la podredumbre y sí querrán castigarla.
Creer que podrán aguantar cuatro meses de embestida es un deseo peregrino. Imaginar que si el inquilino de la Casa Blanca pierde las elecciones intermedias moderará al gabinete republicano, es no entender nada de lo que ocurre hacia adentro del gobierno.
Donald Trump quiere inscribir su nombre en la historia mundial y está actuando, a veces con éxito, muchas otras no. para hacerlo.
Pero su récord en Latinoamérica es casi perfecto.
Ese será su legado.
Y no va a detenerse.
@fvazquezrig