Fernando Vazquez Rigada

Fernando Vázquez Rigada

 

Concluyó ayer una buena semana para el país. Se la debemos a dos jueces.

 

Los sistemas políticos se forman por un entramado de leyes, instituciones, presupuestos. Pero también de personas.

 

Al final, son las personas las que moldean la efectividad del sistema. Las que deciden aplicar las normas. Ejercer sus funciones. Preservar su autonomía.

 

Lo deben hacer con conocimiento, con dignidad, con responsabilidad.

 

Y, en tiempos duros como éstos, con valor.

 

Eso ocurrió.

 

Morena, con su rodillo legislativo, acató sumisamente la instrucción del ejecutivo de aprobar, sin cambiar una coma, su proyecto de ley eléctrica.

 

Acataron la orden de genuflexión política, pero hay un problema: la ley que aprobaron es contraria a la Constitución. Por serlo, es también violatoria de una serie de tratados y acuerdos internacionales que costarán al país millones en sanciones y más en prestigio.

 

Dos jueces, Juan Pablo Gómez Fierro y Rodrigo de la Peza López Figueroa, tuvieron el valor de aplicar la ley y frenar los alcances de la ley.

 

Eso provocó la furia del ejecutivo y de sus huestes.

 

Pese a la presión, los juzgadores se mantuvieron en su criterio y asumieron valerosamente su rol: defender la Constitución.

 

El sentido de la democracia, reflexiona Diego Valadés, es controlar el poder.

 

La teoría de la división de poderes, es, justamente, generar un entramado institucional en donde los poderes se controlen entre sí y se impida la concentración.

 

Desde principios del siglo XIX, la Suprema Corte de los Estados Unidos ha dado el ejemplo de cómo las decisiones judiciales preservan el orden constitucional y el equilibrio entre poderes. En México, el poder de la Corte se dio primero con Juárez. Luego fue suprimida hasta que Ernesto Zedillo emprendió una profunda reforma al poder judicial.

 

A partir de entonces se fue construyendo un poder judicial más profesional e independiente.

 

Lo que sucedió esta semana es el mejor ejemplo de que, lentamente, la democracia fue echando raíces desde su inicio en 1997. De que el estado de derecho funciona, si le damos una posibilidad.

 

A la resolución, siguieron respuestas concretas de empresas icónicas del sector privado a los dichos del ejecutivo. Actuaciones de la oposición para interponer una acción de inconstitucionalidad. Firmes posturas de barras y asociaciones de abogados. Y también una tibia, aunque institucional carta del presidente de la Corte. Todo eso fue profusamente informado y discutido en medios de comunicación libres y críticos.

 

No hay duda: hay una gran decepción en el país. El desencanto hará que más posturas críticas emerjan.

 

La postura de los dos jueces y la reacción que generaron indica que la mayor ausencia de las oposiciones en México, hoy, es la de los ejemplos.

 

Hay una multitud de actores que esperan líderes que muestren el camino para enfrentar, sin insultos, con inteligencia y argumentos, la imposición de una visión retardataria de país.

 

Pero más que argumentos, se requieren ejemplos.

 

De gallardía y dignidad.

 

Los seres humanos jamás lamentan su valentía. La cobardía, toda la vida.

 

Eso nos dijeron, con sus sentencias, dos jueces excepcionales.

 

@fvazquezrig

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