Fernando Vazquez Rigada

Fernando Vázquez Rigada

 

Las familias mexicanas padecemos un dolor agudo permanente: la injusticia.

La locura de la impunidad nos consume. ¿Se puede hacer algo diferente a la desastrosa reforma judicial del año pasado? El estado de Querétaro apuesta que sí.

Partiendo de las obligaciones que impone la Constitución federal —que jueces y magistrados sean votados— el gobernador Mauricio Kuri envió una iniciativa diferente y disruptiva. Se mantiene la elección —ni hablar, es una base por bolas: no hay defensa— pero a partir de ahí se crea algo totalmente superior.

En Querétaro se aprobó no una reforma judicial, sino un nuevo sistema de justicia.

La diferencia no es semántica: es de fondo.

Una reforma judicial atiende a quien acude a un juez o autoridad de ese poder. El sistema de justicia implica resolver rápido, de manera accesible, los conflictos cotidianos de las y los mexicanos aún afuera del ámbito judicial: en la calle, donde ocurren los mayores conflictos, infracciones o delitos menores.

¿Cómo? A través de la creación de la llamada justicia cotidiana: acudir a la mediación y al arbitraje para resolver problemas de manera inmediata.

Esto permite descongestionar a los tribunales, pero, además, logra algo más importante: reincorporar el diálogo y el acuerdo como parte esencial de la vida diaria de las personas.

La gran mayoría de los problemas que surgen en la comunidad —la vida que llevamos en común— no son necesariamente delitos ni, mucho menos, delitos mayores. De ahí la valía de este enfoque.

Pero, además, cuando tengan que intervenir jueces, se garantiza un Poder Judicial de gran calidad.

Si hay que votar por los jueces y magistrados, votémoslos. Ni hablar. Pero hay que garantizar que sea por las y los mejores.

Ahí radica evadir la vergüenza y el ridículo de ministras que, ya no digamos no pueden argumentar jurídicamente, sino que son incapaces de articular un pensamiento lógico.

Querétaro, no olvidarlo, es el líder nacional en estado de derecho según el World Justice Project. El nuevo sistema prevé que será el poder judicial quien determine el perfil judicial de las personas juzgadoras: acreditar conocimientos, capacidades, aprobar un curso, probar su honorabilidad, entre otros. Todo evaluado por un órgano judicial y supervisado por los colegios profesionales.

Última característica: la iniciativa enviada por el gobernador Kuri fue realizada por juristas connotados, no por políticos. La misma fue enriquecida por el poder judicial, por los partidos políticos y aprobada por todas las fuerzas representadas en el Congreso.

La pluralidad, enriquece.

Habría que recordar: la justicia no es una palabra escrita en los códigos o en los libros de derecho. Es algo vivo, que genera sentimientos duraderos en nuestras vidas. Padecer un abuso, ver sufrir al otro, que nos lastime una arbitrariedad: eso es lo que incuba en nosotros la demanda de justicia.

La primera mitad de la reforma judicial federal fue un muladar. Acabó con la certidumbre jurídica. Con la independencia y la carrera judicial. Con la inversión.

Cerró la puerta al acceso a la justicia, y abrió la del influyentismo.

Se debe corregir por el bien de todos, diría el oficialismo.

Querétaro ha puesto el ejemplo: se puede.

 

@fvazquezrig

 

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