Fernando Vazquez

02/12/2013

El país vive un entorno extremadamente complejo de división. Hay una desaceleración económica cada vez más aguda. No hay dinero. La economía está en estiaje.

Existe una franja territorial, de Jalisco a Oaxaca, que arde. Fosas de ejecutados en Jalisco despiden decenas de cadáveres y más: la alarma de que algo más efectivo debe hacerse y debe hacerse pronto. Michoacán vive en los linderos de la ingobernabilidad que, se reconoce, pone en entredicho la gobernabilidad del Estado Mexicano. Guerrero padece la plaga del desgobierno, que se manifiesta en autodefensas, en corrupción, en embriaguez cotidiana que impide atender la contingencia ambiental y social. Oaxaca es una caso paradigmático de la mediocridad de un gobierno que llegó al poder primero, por hartazgo, y segundo, por realizar una ensalada de intereses que ahora lo han vuelto ingobernable. El gobernador no sabe qué hacer con los grupos establecidos en su entidad y que lo rebasan de manera manifiesta. La CNTE ha hecho su voluntad: ahí y en el DF. Más de mil millones de pesos ha dado Gabino Cué a grupos que lo han convertido en siervo.

Pero la incompetencia local no explica por sí misma el estado de zozobra que padece la República.

El Pacto por México cruje. La urgencia inexplicable por sacar este año reformas que son vitales para el país, ha tensado el ambiente y dislocado el instrumento más importante con que contaba el gobierno para alcanzar acuerdos.

La reforma política se dirigía a dar cambios importantes: gobiernos de coalición, nuevos umbrales para el registro de partidos, reelección consecutiva, sustitución paulatina de consejeros locales por nombramientos federales, autonomía de la PGR, reforma política para el DF. Pero ahora que ha llegado la noche de los cuchillos largos, el PAN se lanza contra el PRD y pretende eliminar la reforma del DF e imponer la reelección para los actuales miembros del poder legislativo y alcaldes, lo que convierte a los legisladores en juez y parte. El PRI se niega a admitir que el rebase de los topes de campaña sea causa de nulidad de la elección. Nos dirigimos a un nuevo parche en la legislación electoral.

Peor, las posiciones de negociación se han encarecido para la presidencia. Cerrado el carril izquierdo, el PRI comienza a padecer el amargo sabor que él inventó hace seis años: ser rehén del PAN para pasar las reformas pendientes.

Todo se centra en el afán de aprobar una reforma energética este año. Se trata de aprobar en quince días lo que nos va a definir por medio siglo, o más. Se trata de obtener los votos a cualquier costo. De estirar la cuerda hasta donde llegue.

Pero el país vive una profunda inquietud. La sensatez en política no es una virtud: es una condición imprescindible. Hay una mezcla de crimen, de desgobierno, de acidez económica, de desaliento, de grupos que amagan con rebasar a la autoridad que son el contexto en que se quieren pasar reformas que no cuentan con el suficiente procesamiento popular. Las reformas no se agotan en el congreso. Siempre salen a la calle.

El sábado, el congreso amaneció cercado, como aceptación de que los representantes deben legislar aislados del país. Ojalá se hayan comprado vallas suficientes. A este paso van a tener que amurallar todo el país.

@fvazquezr

diciembre 3, 2013

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